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Luis Gonzalo, un gaditano de Jerez

  • Su obra ha unido el arte con el diseño industrialCarteles para las fiestas de Cádiz y Jerez

Luis Gonzalo hablando en el acto de la presentación de su cartel del Carnaval de Cádiz de 2002.

Luis Gonzalo hablando en el acto de la presentación de su cartel del Carnaval de Cádiz de 2002. / kiki

Puede ser que el pintor se haya impuesto al poeta, pero hay un sentimiento que reaparece en el espíritu de sus obras. Es un artista que no renuncia a la esencia, ni a la forma. Como un alquimista, ahora trabaja para pintar con vinos.

Luis Gonzalo González González (Jerez de la Frontera, 1947) tiene la gonzalidad bien arraigada desde la cuna. Su padre, Luis González Moreno, nació en La Herrera (Albacete) y lo pasó bastante mal en la guerra civil, que empezó con los republicanos. Pasó por Francia, antes de rehacer su vida en Jerez, donde se casó con Isabel González García, que había nacido en Algeciras. Además de Luis Gonzalo, tuvieron una hija, Isabel (que es abogada en Sevilla).

Los cinco primeros años de la vida de Luis le dejaron recuerdos imborrables. Tiempos difíciles, en los que se fue a la zona del Tempul, cerca de San José del Valle, en un territorio agreste, donde aún quedaban maquis, ardían chozas, y aparecían o desaparecían cadáveres. Aprendió de su padre que la reconciliación era imprescindible.

La familia volvió a Jerez. Luis aprendió a dibujar con Fernández Lira. Empezó en La Salle y después cursó el Bachiller en el colegio del Pilar. Así comenzó su vinculación con los marianistas. Inició también sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Jerez, con Vicente Chamorro, Daza, Paco Pinto y otros profesores.

La siguiente etapa de su vida le llevó a Sevilla, donde compaginó los estudios de diplomado en Magisterio y los de licenciado en Bellas Artes. Allí tuvo como maestro a Amalio García del Moral, que le dirigió la tesis doctoral sobre la vida y obra de Paul Klee. Eso le permitió tener relaciones con la Fundación Paul Klee de Ginebra (Suiza) y profundizar en sus conocimientos de la Bauhaus, que sintetiza en algo que defiende a ultranza: la función social del arte. En aquellos años de estudios en Sevilla coincidió con un amigo jerezano, Gonzalo Martínez Andrades, que con el tiempo sería un reconocido pintor y catedrático de la Facultad de Bellas Artes.

En Sevilla empezó como maestro, en el colegio Carmen Benítez. Pronto se fue a cumplir el servicio militar en el Colegio de Huérfanos de Suboficiales de la Armada, en San Fernando. Tras terminar Bellas Artes, obtiene plaza de catedrático de Bachillerato y colabora con la Universidad de Cádiz.

En 1972 había fijado su residencia en Cádiz, donde sigue viviendo desde entonces. Durante cinco años desempeñó la cátedra interina de Dibujo en la Escuela Normal de Magisterio de Cádiz.

Por aquellos años, en 1975, se casó con su novia, la jerezana María Teresa García Negrotto. Aunque los dos nacieron en Jerez y vivirían en Cádiz, la boda se celebró en Sevilla, en la iglesia de San Buenaventura. Tienen dos hijas: María Teresa (abogada) y Belén (licenciada en Bellas Artes y doctora en ingeniería de diseño industrial). Ya cuentan con tres nietos: Belén, Jorge y Guillermo.

La trayectoria profesional y artística de Luis Gonzalo, tras casarse, seguiría vinculada a Cádiz. Dice que se ha recriado entre La Viña, Santa María y la plaza de Candelaria. Aunque tiene su domicilio particular en La Laguna y su estudio artístico en la calle Pereira, en el barrio de San José.

Durante muchos años ha estado vinculado a la Escuela de Arte de Cádiz. Fue catedrático de Dibujo y estuvo cinco años organizando el bachillerato artístico. Fue director de la Escuela durante 10 años, desde 2003 a 2012. En ese periodo se realizó el traslado a su sede actual, en la Casa de las Artes, donde siguió un año, antes de jubilarse. Poco antes, en 2012, leyó su segunda tesis doctoral, en la Facultad de Medicina, que realizó como un homenaje a su padre. La tesis le fue dirigida por la profesora Felicidad Rodríguez. Esta facultad cuenta con 350 dibujos suyos.

También es importante su labor como profesor del Departamento de Ingeniería Mecánica y Diseño Industrial, en la Escuela Superior de Ingeniería de la UCA. Ayudó a a montar el grado de Ingeniería de Diseño Industrial. Tras su jubilación en 2014, lo nombraron profesor honorario.

Su trabajo se orienta a un concepto renacentista del arte que se vincula también a la ciencia. Luis Gonzalo ha cultivado la pintura y la poesía, pero también el diseño industrial. Estudió en Roma y en Florencia, donde aprendió que los florentinos del XVII y el XVIII, así como la obra de su admirado Paul Klee serían los fundamentos para un arte actual. Trata de recuperar el espíritu de la Bahuaus, buscando avances estéticos adaptados a las necesidades sociales.

En su obra artística destaca el color, el brillo, la mirada tan personal que transforma y regenera. Cuida el soporte. Tiene dos patentes con las que ha trabajado. En 2014 completó la patente de cerámica con integración de tejidos y pigmentos. Un modelo reflejado en el mural de la Escuela de Ingeniería de Cádiz, o el tratamiento en la puerta principal del Hospital Real de la Facultad de Medicina. Y pronto, en 2017, presentará otra patente con un avance importantísimo: ha conseguido llevar el vino de Jerez a la piedra, con diversos colores y tonalidades.

El trabajo minucioso del soporte hace que su obra sea personal y variada. Incluye la pintura en lienzo, junto a cerámica, vidrio, tapices, vestidos, moda flamenca o mantones. También murales espectaculares, como se ve en la iglesia de la Inmaculada, de Jerez.

A lo largo de su vida artística ha expuesto en los museos de Bellas Artes de Sevilla y Cádiz. Asimismo en las Academias de Bellas Artes de Cádiz y Sevilla, y en la de San Dionisio de Jerez, a las que pertenece como académico, así como a la de Artes de Vinzaglio (Italia). Una exposición retrospectiva, de grato recuerdo, con más de 300 obras, se pudo ver en 2010 en el castillo de Santa Catalina, de Cádiz. Ha mostrado otras retrospectivas en Jerez y Sevilla.

Entre las muchas colecciones que cuentan con sus obras, una de las más importantes es la de sus tauromaquias en la Biblioteca Nacional, en Madrid, que han merecido el alto honor de exponerse junto a las de Goya y Picasso.

No podemos olvidar su obra poética. En 1977 publicó un libro de poemas, Canción mía, prologado por el poeta José Manuel García Gómez. Lo presentó como un homenaje a José María Pemán, que estuvo presente. Sigue escribiendo. La poesía es un componente básico en su obra artística.

Uno de sus proyectos más ambiciosos es el de la Fundación Luis Gonzalo, que ha creado por su vocación pedagógica y artística. También por su interés por divulgar y ayudar en la innovación. En la Universidad UTP de Loja (Ecuador) le concedieron, en 2010, el primer premio mundial en tintes naturales. Sus trabajos están reflejados en el libro Tapiz. Expresión gráfica de la ingeniería, editado por la UCA. El Ateneo de Cádiz ha creado el Premio Luis Gonzalo, que en su primera edición fue otorgado a Juan Carlos Ferreiro.

Es Hijo Adoptivo de Cádiz, título que le entregó la entonces alcaldesa, Teófila Martínez, en 2015. Cree que Cádiz y Jerez se necesitan ahora más que nunca, y que buscar divisiones no tiene sentido. Son dos formas de ver la vida.

Luis Gonzalo González González intenta ser sencillo, honrado, educado y generoso. Es un artista con personalidad propia, hiperactivo. Ha procurado el más difícil todavía: ser un poco florentino y un poco alemán. Puede que lo haya conseguido, aunque sobre todo es un gaditano de Jerez.

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