Cádiz

Indulto para el Olivillo

  • Los arquitectos rechazan el derribo del edificio Su posible desaparición es un ejemplo más de la delicada situación en la que se encuentra el patrimonio urbano

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La intención de la Junta de Andalucía de derribar el edificio del Olivillo para, posteriormente, levantar un inmueble de nueva planta que siga el diseño original de la fachada de la antigua sede de Salud para dar cabida a un centro universitario, ha provocado un rechazo unánime entre los arquitectos gaditanos encuestados por este diario, entre ellos quienes en los últimos años más han estudiado la historia del patrimonio urbanístico de Cádiz y más han defendido su continuidad.

Todos coinciden en que la normativa municipal, a través del Plan General, protege el edificio, con un grado III, a la vez que numerosos estudios, algunos incluso editados por la propia Junta de Andalucía, destacan el alto valor de la obra como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura racionalista en Andalucía. A la vez, sorprende e indigna, que se tome la decisión de derribar un edificio que lleva en estado de absoluto abandono desde hace cerca de tres décadas sin que en este tiempo la administración propietaria, en este caso la autonómica, haya acometido obras para evitar su deterioro. Y, por si fuera poco, se resalta que el nuevo PGOU apenas lleva un año en vigor y es en este documento, revisado, visado y aprobado por la Junta, donde se da fe del futuro de todas las promociones ciudadanas.

Víctor Gómez, decano del Colegio de Arquitectos de Cádiz, pone en primer lugar esta evidencia a la hora de reflexionar para este diario sobre la propuesta de derribo del Olivillo: "No entiendo nada. Hace apenas un año que entró en vigor el PGOU donde aparece el edificio del Olivillo con una protección de grado III y una ficha técnica donde se deja claro lo que hay que hacer con el inmueble, y en ningún momento se habla de su derribo. Este es un edificio que lleva cincuenta años sin uso, con una dejadez clarísima por parte de la administración propietaria que ha dejado que se llegase a la situación actual. Una administración, la Junta, que es la que hace un año dio el último visto bueno al PGOU y que en ningún momento especificó nada sobre el Olivillo. Desde entonces ha pasado un año. ¿Ha pasado algo relevante en este inmueble en estos últimos meses como para que se plantee su desaparición ahora? Pues no.

Para el decano de Arquitectos el edificio, a pesar de su estado, es claramente recuperable constatando que existen medios técnicos que facilitan esta acción, aunque asume que "desde el Colegio sólo podemos hacer lo que hacen los ciudadanos: protestas y lamentar que se pueda perder una pieza de la arquitectura gaditana que está reconocida en numerosas publicaciones, entre ellas varias de la Junta de Andalucía".

Constata Víctor Gómez que no hay que desechar la importancia de un edificio como el del Olivillo porque es del siglo XX y no de siglos anteriores. "En el pasado siglo se hicieron cosas muy buenas y el Olivillo es un claro ejemplo de la arquitectura racionalista. El mismo esfuerzo que hacemos para mantener el patrimonio arquitectónico de los siglos XVIII o XIX, hay que hacerlo para este tipo de edificaciones que en algunos casos pueden tener más valor arquitectónico que otros inmuebles con más años".

En su reflexión, considera que es una ironía que la Junta solicite al Ayuntamiento de Cádiz el permiso para el derribo del Olivillo "cuando al estar en el casco histórico el mismo Ayuntamiento debe contar con la autorización de la Comisión Provincial de Patrimonio... que depende de la misma Junta".

La memoria histórica de Juan José Jiménez Mata, uno de los arquitectos de más prestigio de Cádiz y experto en la historia del urbanismo de la ciudad, le traslada a los inicios de la etapa democrática del Ayuntamiento cuando, siendo él concejal delegado de Urbanismo, "se comenzó a hablar de la catalogación" de edificios que necesitaban determinada protección. El PGOU que él elaboró a principios de la década de los ochenta del pasado siglo paró en seco la degradación del casco antiguo de la ciudad, salvando muchas construcciones con un evidente valor histórico y arquitectónico que estaban en peligro por la presión de la especulación inmobiliaria.

Se lamenta que en algunos aspectos las administraciones, y aquí incluye también al Ayuntamiento, "sean muy estrictas y en otras no", destacando la pérdidas de patios "muy interesantes" en pleno casco histórico ante el silencio de las autoridades públicas y, sin embargo, se reclama el arreglo de fachada s de forma coercitiva.

A la vez, destaca la falta de un control del patrimonio con lógica, mencionando como la Junta opta ahora por derribar el Olivillo, como pretende hacer también con la Escuela de Náutica "y sin embargo, no dudó en proteger de forma muy apresurada el edificio de la Aduana". En todo caso deja claro que en todo este proceso hay una legalidad que no se puede despreciar. "Si se quiere pasar por alto el grado de protección que tiene el edificio para permitir su derribo antes habrá que sacarlo del catálogo del PGOU", por lo que sería necesario iniciar un procedimiento de modificación del planeamiento.

Pero antes de llegar a este punto, Jiménez Mata tiene claro que "hay que comprobar cómo está realmente la estructura del edificio. Hoy hay técnicas capaces de recuperar todo tipo de edificios", por lo que considera que es necesario abrir un debate sobre el estado del Olivillo, recordando como hace ya unos años el Mercado Puerta de Toledo, en Madrid, se transformó en un centro cultural aunque su estado era casi ruinoso. "Parece que con el Olivillo lo que se está buscando es la ruina sin más, cuando es recuperable incluso a un coste razonable ya que, no lo olvidemos, derribar un edificio es muy caro".

Otro de los arquitectos que más han estudiado la historia del urbanismo gaditano, Julio Malo de Molina, también coincide en considerar un despropósito el anuncio del fin de este edificio que, resalta, "está perfectamente integrado en la trama y en la vida de la ciudad, por lo que su demolición significaría renunciar a un valor patrimonial de la ciudad".

"Será un desenlace desafortunado, un paso lamentable que podía ser obligado por el estado del edificio, aunque lo dudo. Demolerlo y levantar un nuevo edificio manteniendo el mismo diseño de la fachada es un absurdo. Se conserva o no, pero no se hace un apaño", recordando que durante años todas las administraciones que han tenido competencias sobre el inmueble han intentado conservarlo.

Como sus compañeros, Malo de Molina recuerda que el edificio diseñado por Antonio Sánchez Esteve forma parte de los referentes más importantes del movimiento racionalista en Andalucía, estando presente en numerosos catálogos, lo que debería de servir para intentar preservarlo.

Lo cierto es que el incierto futuro del Olivillo es un ejemplo más de la presión que existe sobre el parque inmobiliario del casco histórico. Es cierto que, desde la llegada de la democracia, los desmanes de otras épocas se han eliminado casi en su totalidad a la vez que operaciones como la propia rehabilitación emprendida por la Junta y el Ayuntamiento desde mediados de los noventa han recuperado muchos inmuebles de gran valor histórico y arquitectónico, desde casas de vecinos hasta equipamientos públicos y religiosos. Pero también se han producido destrozos que han logrado pasar los controles públicos, como ha pasado con la desaparición de patios de gran valor, elementos decorativos en muchas fachadas y, sobre todo, las portadas de muchos comercios tradicionales.

En algunos casos han sido los herederos o nuevos propietarios de fincas privadas los que han desmantelado sus propiedades vendiendo incluso azulejos y solerías tradicionales.

Y junto a todo ello, queda la incongruencia de proponer el derribo de un edificio con una protección de grado III cuando se protege otros edificios cuyo valor ponen en duda los propios arquitectos. El caso más sonado ha sido el de la Aduana, que la Junta catalogo como BIC evitando el derribo previsto en el Plan Plaza de Sevilla, como pasó también con otros edificios como la antigua sede de Ibérica Aga, la sede de la Estación Marítima o el propio edificio de la Harinera de Vilafranquina. Curiosamente, no se salvó de la demolición hace más de una década la grúa pórtico del astillero gaditanos.

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