Herederos de LA GLORIA
comercio
Los locales con el nombre de La Gloria siguen activosl El antiguo maestro pastelero abrirá en febrero un obrador y suministrará a estos establecimientos
El 21 de diciembre de 2016 funcionaba por última vez el horno de La Gloria. Se ponía punto y final a 93 años de historia. En casi un siglo de actividad, la empresa ha traspasado los limites del negocio tradicional convirtiéndose en un emblema de la ciudad.
Para mantener vivo el espíritu de una firma tan señera, los propietarios de los establecimientos que mantienen el nombre de La Gloria han mantenido abierto sus locales y se organizan para que la pérdida apenas sea perceptible para la sociedad gaditana.
Los propietarios de pastelerías, cafeterías y panaderías, que funcionaban a modo de franquiciados de La Gloria desde hace tiempo, han mantenido el contacto para seguir una línea común de actuación. Han contactado con los mismos proveedores, "aquellos que nos ofrecen los productos más parecidos a los que nos suministraba La Gloria", afirma Elena, que regenta el establecimiento de la plaza Candelaria; mantienen precios similares y, hasta que sea posible, continuarán luciendo el logotipo del histórico negocio gaditano.
El último paso para que esta transición sea completa se producirá en febrero. El que ha sido maestro pastelero de La Gloria durante más de 30 años, José Rueda, tiene previsto abrir un obrador en Loreto desde el que proveerá a estos locales de los productos que tradicionalmente ofrecía el horno de La Gloria.
"Él es el único que hace productos típicos gaditanos, que son difíciles de encontrar en otros proveedores", explica Isabel, de la tienda de la calle San Salvador. En esta nueva empresa, Rueda cuenta con la colaboración de su hija, que también atesora pasado en la empresa. "Vamos a seguir haciendo los productos típicos como el pan de Cádiz, las sultanas de coco, los corrusquillos o la auténtica torta de Carnaval", anuncia el pastelero.
Para los dueños de estos establecimientos, como Elena, contar con los mismos productos que suministraba La Gloria supone un aspecto decisivo para continuar con el espíritu de la marca. "Había mucha gente que venía expresamente a comprar el roscón de La Gloria o nuestras bandejas de saladitos" . Lo mismo sucede con el pan: "el que compra el de La Gloria sabe como es" o los pasteles "que son muy nuestros", explica. Por ello, aunque reconoce la tristeza que supone que un negocio histórico tenga que cerrar, cree que el consumidor habitual apenas va a notar la pérdida porque la intención es que los productos y el servicio sean los mismos.
Pese a que la idea es mantener la línea iniciada hace más de noventa años, no descartan ofrecer cambios para mejorar lo actual. Pepe Ruiz adelanta que, junto a los pasteles más tradicionales, quiere lanzar una serie de productos más vanguardistas, en los que la crema de frutas naturales o las tartas de sabores novedosos tengan mayor protagonismo. El nuevo obrador, además, contará con un pequeño punto de venta para particulares, sobre todo dedicado a encargos.
José Ruiz reconoce que aún mantiene contacto con el antiguo gerente de La Gloria. "Sabe de mis movimientos y está muy contento de que los productos típicos vayan a seguir produciéndose".
Una de las principales incertidumbres de estos negocios en el futuro es la posibilidad de seguir utilizando el nombre de La Gloria. "De momento vamos a seguir manteniendo la marca. Pepe de la Gloria nos ha dicho que por él no hay ningún problema", explica Isabel. Para Elena, que ha pasado 19 años en la empresa, continuar con un emblema con tanta historia sería bonito. Sin embargo, el nombre ya forma parte del imaginario colectivo gaditano, por lo que si finalmente tienen que cambiar su denominación, "para la gente siempre seguirá siendo La Gloria".
En estos momentos los herederos de La Gloria, propietarios de los locales que siguen vigentes tras el cierre del horno, se encuentran comenzando un proceso en el que tendrán que afrontar como seguir su andadura sin el emblema de la tradicional panadería a sus espaldas. Pese a todo, la idea es seguir ofreciendo los mismos productos y actuar todos de manera conjunta, tal y como venían haciendo tiempo atrás.
Aunque el horno de La Gloria cerrase después de casi un siglo de vida, Cádiz no notará su ausencia.
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