“Choca ver que no se explota la potencialidad que tiene Cádiz”

Javier Llorden | Economista estadístico

Renunció a su trabajo como estadístico del Banco Central Europeo por culpa de una enfermedad degenerativa para la que el clima de Cádiz está siendo su mejor medicina

Javier Llorden durante la entrevista realizada en el Parador Atlántico.
Javier Llorden durante la entrevista realizada en el Parador Atlántico. / Lourdes De Vicente

Javier Llorden (Valladolid, 1973) ha tenido el privilegio de ser testigo directo del nacimiento del euro desde su puesto como economista estadístico del Banco Central Europeo, adonde llegó en el año 2000 tras su paso por la Comisión Europea en Luxemburgo. Tras ser diagnosticado, con tan sólo 30 años con una enfermedad degenerativa, el frío y húmedo clima de Francfort (Alemania), sede del BCE, le resultaba muy dañino. Por eso decidió mudarse a Cádiz, ciudad de la que se confiesa enamorado a primera vista. En el Parador Atlántico, junto a su esposa Sofía, hablamos con él de economía y de otras muchas cosas en la siguiente entrevista.

–¿Cómo decide fijar su residencia en Cádiz tras vivir tantos años en ciudades centroeuropeas?

–Estoy en Cádiz por circunstancias de la vida, sobre todo porque estoy casado con Sofía, que es de Jerez de la Frontera. Soy economista. El último año de carrera lo hice en Holanda y nada más licenciarme empecé a trabajar para la oficina estadística de la Comisión Europea en Luxemburgo. Ahí vivimos tres años. Luego me fui a Francfort, al Banco Central Europeo, desde el año 2000 hasta el 2018, y a partir de ese momento, por problemas de salud, decidimos que lo mejor para mí era volver a España y sobre todo a una zona con un clima más benévolo.

–Sufre una enfermedad degenerativa.

–Sí, tengo esclerosis múltiple y vivir en países como Luxemburgo, Holanda, Alemania, con mucho frío, poca luz en invierno, me estaba afectando mucho a la salud. Sabía que iba a tener que dejar de trabajar, porque ya no podía rendir como cuando llegué al banco, y bueno, hablándolo con la familia decidimos venirnos a Cádiz. Descubrí Cádiz y me quedé maravillado de ver una ciudad que tenía playa, un clima magnífico, la luz que tiene, una temperatura al lado del mar muy suave. Fue toda una sorpresa. Tiene de todo pero en un tamaño ideal.

–Y no sólo se vinieron a Cádiz sino a su corazón, a La Caleta.

–Pues sí. Ya puestos. Un día me vine desde Jerez a pasear solo con mi hijo pequeño y exploré sobre todo extramuros. Me acuerdo que era diciembre y que estuve en un chiringuito tomando algo, con 25 grados, mi hijo jugando en la arena, y esto, viniendo de Francfort, pues fue tremendo. Yo ahora soy muy sensible al frío con mi enfermedad. Es verdad que no pensaba venirme tan pronto, pero por la enfermedad se aceleraron los plazos y en 2016 ya empezamos a buscar casa de manera más firme. Vimos como una docena de pisos, algunos terribles, hasta que encontramos, el último, este junto a La Caleta, en Hollywood, como lo llamáis vosotros, y fue un amor a primera vista. No sólo por la luz y las vistas sino porque se adaptaba perfectamente a mis necesidades. Ya en 2018 fui reduciendo mi jornada de trabajo en el banco al 50% hasta que decidí parar porque no podía más.

–¿Y le ha mejorado la salud Cádiz? ¿Es una buena receta?

–A mí me ha funcionado. Yo tenía muchos problemas de infecciones, porque la enfermedad me ha atacado al sistema inmunitario y cada dos por tres estaba en el hospital. En 2017 hice la prueba y me vine a pasar el invierno solo, porque Sofía seguía con su trabajo en Francfort y nuestros dos hijos tenían clases. Fue una prueba dura. Yo teletrabajaba desde casa. Ese invierno tuve cero infecciones, cuando en Alemania tenía una al mes.

–¿Siempre ha trabajado vinculado al Banco Central Europeo?

–Bueno, yo soy economista y mi primer trabajo, nada más terminar la carrera, fue de becario para la Oficina Estadística de la Comisión Europea. Después me quedé trabajando como consultor en Luxemburgo para la Comisión Europea, haciendo estadísticas. Aunque soy economista mi experiencia profesional ha sido siempre en la estadística, con lo cual me siento casi más estadístico que economista. En el año 2000 el Banco Central Europeo estaba buscando gente con mi perfil, con idiomas por supuesto, para montar todo el tema del euro. Allí estuve hasta el 2018.

–Ha vivido, por tanto, toda la construcción de la moneda única.

–Sí, he tenido la suerte de vivir unas experiencias muy bonitas. Soy muy europeista. Esto viene desde que estudiaba en Valladolid, que me fui a hacer la beca Erasmus a Holanda, que es algo que recomendaría mucho, y ese año conocí a gente que estaba muy metida en la Unión Europea. Vi que por ahí podía estar mi futuro.

"Fue bonito participar en el Banco Central Europeo del nacimiento físico de la moneda única”

–Y al final ha acabado viviendo en una de las ciudades más americanas de Europa.

–Jajaja… ya ve. Francfort queda muy lejos de Cádiz.

–Nos parecemos poco sí. Igual hasta se parecen más Valladolid y Francfort que Cádiz.

–Siempre lo digo sí. Alemania tiene una sociedad muy estructurada, muy fuerte. Es muy diferente todo.

–Vivió en primera persona la crisis de 2008 pero también momentos muy bonitos ¿no?

–Seguro. Sobre todo cuando llegué, porque éramos muy pocos en el banco, unos 800, ahora tiene cerca de 4.000 empleados. Estábamos todos juntos en un mismo edificio, ahora tiene tres repartidos por Francfort. Entonces nos conocíamos todos, tenías mucho contacto con la gente del banco, incluso con el presidente, que cuando yo llegué era Wim Duisenberg, holandés, y era una persona a la que te encontrabas por los pasillos. Era muy cercano. Luego, sobre todo con Mario Draghi, era más difícil eso porque había crecido mucho todo. Fue bonito ver cuando el euro se convirtió en moneda física, todo el esfuerzo que hizo el banco, de preparación, de presentación, y para nosotros fue un momento muy especial. Ir al cajero y sacar euros en vez de marcos alemanes fue tremendo.

–¿Había más españoles?

–Sí que había más españoles sí, como 50 en diferentes departamentos. Mucho trabajo, noches enteras en vela para cumplir con la publicación de los diferentes indicadores que nos tenían que llegar de los bancos centrales de los países, de los que dependía, por ejemplo la subida de los tipos de interés.

–Cuando se habla del fondo de compensación por la pandemia, con países más reacios y que incluso presentan vetos, quiere decir que el Norte sigue mirando al Mediterráneo con desconfianza.

–En el juego de la UE siempre ha habido una compensación y una confianza, pero es verdad que hay cosas en que los ciudadanos de los diferentes países son muy distintos. Incluso a mi mujer y a mí, que hemos estando 20 años viviendo en Alemania, a veces nos chocan cosas que vemos aquí, que nos hacen decir: pero hombre, organízate un poquito. Eso, a nivel institucional, también pasa. La historia nos dice que hay crisis que son cíclicas. Pero sí que es verdad que hay países del norte que no se fían de cómo se organizan y gestionan los del sur. Siempre ha habido tiras y aflojas en esta maravilla que es la UE, pero al final hemos salido adelante siempre.

–Otro momento delicado que viviría sería cuando Grecia estuvo a punto de salir del euro. ¿Cómo recuerda aquellos días?

–Fue un momento muy crítico, porque ahí fue cuando Mario Draghi defendió el proyecto del euro, dijo que éramos una familia y que no íbamos a dejar que nadie se perdiese. Fue cuando dijo la frase aquella tan famosa de que el Banco Central Europeo hará whatever it take, lo que haga falta, y será suficiente, como luego se demostró. Pero eso fue muy estresante para todos, porque tuvimos que prepararnos por si salía Grecia, ya que eso afectaría a la manera en que hacíamos las estadísticas, ya no seríamos 19 sino 18. Durante una temporada trabajábamos el doble porque teníamos que ponernos en los dos escenarios.

–¿A nivel económico cómo cree que afectará el Bréxit a la provincia de Cádiz?

–Nunca he pensado que hubiera un Bréxit duro con Gibraltar, que llegaran a perjudicarse de tal manera. De hecho en el referéndum del Bréxit votaron mayoritariamente, en un 98%, a favor de quedarse. Con lo cual, saben que les interesa tener buenas relaciones. No creo que se perjudique el trabajo de los españoles en Gibraltar ni viceversa. El Bréxit tenía puntos más delicados que Gibraltar, como Irlanda del Norte, la política pesquera, ayudas estatales, eso sí que son temas gordos que afectan al mercado interior y la posición europea. Gibraltar nunca ha sido un gran problema.

–¿A Cádiz le vendrían bien muchos estadísticos para que su economía salga a flote? ¿Ve alguna solución para que los sectores estratégicos de la ciudad, la industria de la provincia, acelere de alguna manera?

–Ya me gustaría tener alguna respuesta a esa pregunta. Si mira las estadísticas del paro, que hablan de un treinta y tanto por ciento de desempleo, sabe que eso no puede ser posible, que hay mucha economía sumergida. La ciudad tiene tanto potencial, pero es una ciudad infrautilizada, porque posee unos recursos que no se están aprovechando. Cuando llegué no entendía por qué había tantos edificios abandonados o cerrados, el Castillo de San Sebastián sin uso, el Náutico, proyectos que no salen… luego ves que hay muchas peleas burocráticas, peleas políticas. No sé cómo se puede desbloquear eso.

–Es como si cada administración tirara en un sentido sin pensar en el bien común.

–Exacto. El nivel de la clase política es malo pero es un reflejo de la sociedad.

–En su experiencia europea, ¿estas peleas de gallos que vemos en el Congreso se dan?

–No, no, hay lealtad, madurez política. Igual tenemos el estereotipo de que los alemanes son muy rígidos, y puede ser verdad, pero también sabes que el tren va a llegar a su hora, el autobús, que todo va a funcionar, puedes confiar en que la gente pague impuestos porque sabe que ese dinero va a repercutir en la calidad de los servicios públicos que va a recibir, no existe esa picaresca tan típica de España. Aquí en España en general hay menor madurez política. La educación es un tema muy importante que habría que mejorar.

–Llevan décadas de coaliciones en el Gobierno que aquí aún nos resultan antinaturales.

–Claro. En Alemania es normal tener en el mismo Gobierno a los verdes, a los conservadores y a los liberales… En Holanda también era similar la situación, pero porque es que el nivel de la clase política es diferente. Aquí en España es algo nuevo y que se ve raro, cuando no debiera serlo.

–¿Cuándo le diagnosticaron la enfermedad? ¿Cómo lo afrontó?

–Era joven, tenía 30 años, estaba trabajando a tope. Me dieron el primer diagnóstico y, bueno, es una enfermedad larga que tiene muchas fases, y la primera de ellas es la de la negación. Como me recuperaba muy bien al principio pues era como si lo dejara de lado. Me decía, yo estoy muy liado con mi súpertrabajo, con mi familia, me casaba por aquel entonces, con lo cual no pensaba demasiado. Pero luego la enfermedad fue avanzando progresivamente y ya no podía seguir el ritmo de trabajo, aunque durante mucho tiempo seguí como si nada. Empecé con muletas en el 2010, aunque nadie sabía lo que tenía; y estoy en silla desde el 12 o el 13, porque ya pues vas perdiendo fuerza. Fue frustrante no poder rendir en el banco como cuando llegué. Es un trabajo que requería mucha memoria, mucha atención, muchas reuniones, viajando por trabajo… me encantaba pero era a la vez exigente y estresante. Fui asumiendo que antes o después tendría que dejarlo. Mi mujer piensa que el estrés igual fue un detonante para que la enfermedad se presentara. Yo desde luego pienso que no ayudó. El banco se ha portado muy bien, me permitió teletrabajar hasta que ya no pude más y cuando vi que las infecciones eran cada vez mayores pues ya me instalé en Cádiz. Eso sí, llegué a coordinar teletrabajando desde mi casa de La Caleta un grupo de diez personas en Francfort y otras diez en Luxemburgo, y yo aquí mirando al mar.

–¿Y echa de menos ese estrés, esa adrenalina?

–Claro. Es que yo tenía un súpertrabajo. Un trabajo que me ha permitido conocer a gente muy interesante. Tremenda. Para mí era el mejor trabajo del mundo, conocer a gente muy válida, europeista, y echo de menos el tener contacto con gente de todo el mundo. Además es que a mí me gustaba mucho lo que hacía. No era mi intención dejar de trabajar ni abandonar la vida que llevábamos en Francfort. Mis hijos estudiaban en la sección inglesa de la Escuela Europea en Francfort. Aquí en la provincia hay varios colegios internacionales, pero sólo uno ofrece el bachillerato británico y está en Jerez, el Sage College, que es al que van los dos.

–¿Hace algún tipo de trabajo ahora que le vincule con la economía, aunque sea como hobby?

–Bueno, como hobby lo que hago es estudiar historia, que siempre me ha encantado. Desde que dejé de trabajar en el banco me ha interesado mucho. Cuando llegué a Cádiz el primer año iba a la Facultad de Filosofía y Letras, al grado de Historia, como alumno externo, como oyente. Hay tanta historia en Cádiz que es una maravilla.

–¿Cómo ve Cádiz un economista con su experiencia europeista?

–Lo que veo es que hay mucha iniciativa privada bloqueada, o que no prospera, por temas políticos. No se dan facilidades a la iniciativa privada. Parece como si hubiera una mano negra que parara los proyectos. Choca mucho a uno que viene de fuera, una ciudad con la potencialidad que tiene y que no la explote. No acabas de entender el por qué, y es una pena. Yo estoy enamorado de Cádiz y me llama la atención.

"Mucha iniciativa privada está bloqueada en Cádiz por temas políticos. Es algo que no acabo de entender”

–¿Algo que le haya sorprendido de sus años en Cádiz?

–Hay cosas que chocan, como gente que prefiere cobrar en negro, sin factura, para no pagar el IVA. Nosotros en ese aspecto venimos muy alemanizados. Aunque por otra parte allí era complicadísimo encontrar un fisioterapeuta dispuesto a atenderme en mi propia casa y aquí lo logramos rápidamente.

–¿Cree que la economía tardará en recuperarse por las consecuencias de la pandemia?

–Yo creo que no. Rebotaremos y volveremos rápido a los niveles anteriores. Si las vacunas no dan problemas, si no hay efectos secundarios y la gente se vacuna, que no entiendo esa resistencia a vacunarse, espero que este año la economía vaya mejorando sensiblemente. Ya se ha visto como este verano hubo un rebrote y la aprobación de las vacunas hace que la bolsa reaccione a esas buenas noticias. Soy optimista.

–¿Nota que la pandemia nos ha obligado a cambiar hábitos que nos han acercado más a Europa?

–Totalmente. Los horarios son un ejemplo. Esto es un drama, pero si consigue que cambiemos hábitos en España, adelantarlo todo un poco, será una buena cosa.

–¿El teletrabajo ha venido para quedarse?

–Yo era muy escéptico, no me gustaba, pero en la pandemia se ha demostrado que funciona. En el banco, salvo unos pocos, está todo el mundo teletrabajando. Se ha conseguido y se han dado cuenta que han ahorrado un montón de dinero en tema de viajes de negocios, de reuniones y demás. A lo mejor no tiene sentido seguir alquilando tantas oficinas, despachos, hoteles para mantener reuniones cuando se puede ir más hacia un teletrabajo con reuniones telemáticas.

–¿Han encontrado facilidades para ir integrándose en la sociedad gaditana?

–Pues es un poco complicado. La gente es más abierta en la calle, verdaderamente, aunque sí que es reservada. Tampoco hemos llegado ahora en un buen momento. A mí me está costando ir haciendo amigos, pero poco a poco las amistades van cuajando. Y a Sofía también le pasa. Somos un poco bichos raros porque nos hemos llevado muchos años lejos. Mi mujer es mucho de invitar a casa, de una cenita, una comida, y claro ahora no puedes invitar a nadie. Pero bueno, para mí Cádiz fue un descubrimiento y estamos encantados de estar aquí. Soy un vallisoletano enamorado de esta ciudad.

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