Baile de la tarántula en el barrio de Santa María
Historias de Cádiz
Picadura de una enorme araña a una joven en la calle Mirador y procedimiento para expulsar el veneno
Tangos, guajiras y cantiñas para provocar el sudor de la enferma
La tarántula es una araña de considerable tamaño que abunda en Italia y en algunas zonas del sur de España. Hasta bien entrado el siglo XX se estimaba que su picadura era mortal y que producía graves alucinaciones y ataques al sistema nervioso.
La creencia popular señalaba que la única manera de combatir la picadura de la tarántula era bailar sin descanso hasta que el cuerpo de la víctima expulsara a través del sudor el veneno introducido por el insecto. En Italia estos bailes fueron conocidos por ‘tarantela’ y llegaron a ser muy populares. En la película El Padrino, por ejemplo, los italianos bailan una popular tarantela durante la boda de la hija de Vito Corleone. En España la víctima de la picadura era obligada a bailar sin descanso en torno a cantes típicos de la zona hasta que eliminaba el veneno. El gaditano Jerónimo Jiménez, para la zarzuela La Tempranica, compuso una canción denominada La Tarántula, que se hizo muy popular y que aún hoy es interpretada por muchos artistas.
En la prensa de comienzos del siglo XX todavía eran muy frecuentes las noticias de estas picaduras y el posterior baile para eliminar el veneno. Diario de Cádiz recoge, en julio de 1910, la picadura de una tarántula a una mujer de Barbate. Según el corresponsal, la pobre mujer llevaba dos días bailando al compás de una guitarra cuando el médico de la población acudió a visitarle y recomendarle que tomara ciertas medicinas, pero la familia “cree más seguro continuar con el baile de la tarántula”. La crónica añade que los entendidos del pueblo habían indicado que la mujer debería seguir bailando otros cuatro días para tener la seguridad de que el veneno había salido por completo.
Pocos años antes había ocurrido un suceso parecido en Sanlúcar. El vecino Manuel García fue picado por una tarántula “en la región glútea”, provocándole fuertes dolores y pérdida del sentido. Fue llevado a su domicilio y avisados tres profesores de guitarra para aplicarle el remedio del ‘baile de la tarántula’. Diario de Cádiz informó que “después de quince horas de sudores y reacciones nerviosas el enfermo quedó curado completamente”.
En 1907 una mujer fue picada por otra tarántula en la Jara, también en Sanlúcar. En esta ocasión fueron llamados los profesores de guitarra Pallarés, Pecho y Palet. Según Diario de Cádiz “los profesores tocaron repetidamente y a la media hora la enferma entró en excitación nerviosa, rompiendo a sudar copiosamente y estando en agitación cerca de 48 horas. Los entendidos suponen que el peligro ha pasado”. La crónica termina señalando que los guitarristas no cobraron su salario ya que la mujer “es pobre y todos los que han intervenido en el procedimiento lo hicieron simplemente por caridad”.
Lógicamente las picaduras de esta araña tenían lugar en poblaciones o medios rurales, siendo realmente muy difícil que una picadura de este tipo tuviera lugar en una ciudad marinera y tan alejada del campo como Cádiz. Sin embargo, en agosto de 1904 tuvo lugar un caso de este tipo en pleno barrio de Santa María.
Una familia residente en la calle Mirador compró a un arriero procedente de Chiclana unos sacos de paja con objeto de hacer un jergón. Cuando abrieron uno de los sacos y extendieron la paja, una tarántula picó a una de las hijas de la familia. Los gritos de la joven pusieron en alerta a los vecinos y se decidió comenzar con el ‘baile de la tarántula’ para que la muchacha expulsara el veneno.
Rápidamente varios voluntarios buscaron a un guitarrista y en muy poco tiempo la joven comenzó a bailar “tangos, guajiras, cantiñas y otros aires alegres para expulsar por el sudor el tóxico que hubiera en su cuerpo”.
La noticia, como es natural, corrió como un rayo y en pocos momentos había gran cantidad de curiosos contemplando lo que ocurría en el patio de la calle Mirador. Algunos participaban en el cante y otros se limitaban a curiosear. Hasta que el padre de la joven consideró que el tratamiento no era cosa de bromas y juergas y expulsó a todos los curiosos para continuar los bailes en la intimidad.
El redactor de Diario de Cádiz, que presenció parte de este curioso procedimiento de la tarántula, finalizó su crónica indicando “a la hora de cerrar esta edición nos aseguran que la enferma sigue entregada a la danza terapéutica”. Lamentablemente no disponemos de noticias sobre el resultado final del tratamiento, por lo que suponemos que daría buen resultado.
Como es natural este suceso fue ampliamente comentado en toda la ciudad, coincidiendo todos en lo extraño que resultaba una picadura de tarántula en Cádiz. Ni se conocían precedentes ni se esperaban repeticiones.
Pero a los pocos días se dieron voces de alarma en el barrio de La Viña, ya que otra mujer aseguraba haber sido picada por otra tarántula y que era necesario empezar el rito de los bailes para expulsar el veneno. En esta ocasión, varios voluntarios pusieron una mesa en la puerta del domicilio de la joven para recoger donativos y así poder hacer frente a los elevados gastos de guitarristas y cantaores.
La muchacha bailaba furiosamente en el patio de su casa y muchos vecinos no dudaron en aportar un donativo para los gastos. Pero una pareja de guardias municipales, a la vista de los voluntarios que pedían dinero y de la joven bailaora, sospechó que se trataba de un timo. En efecto, entraron en la casa, detuvieron a la joven , “que sanó por completo en un instante”, y a sus acompañantes. Todos fueron llevados a la Prevención Municipal, en la plaza de la Merced, conocida en esos años popularmente como el “hotel del piojito”.
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