La zona más joven de Cádiz

Astilleros: 20 años de un barrio por descubrir

  • La entrada al barrio, con muchos locales vacíos en los soportales de la avenida Las Cortes, no tiene nada que ver con la vida comercial de su interior

El huerto urbano de la AVV Astilleros sobre la guardería Josefina Fornell.

El huerto urbano de la AVV Astilleros sobre la guardería Josefina Fornell. / Jesús Marín

Muchos vecinos del barrio de Astilleros terminarán de pagar en este 2021 su hipoteca de 20 años, que son los que cumple este joven barrio desde su creación en lo que fueron los terrenos de la gran factoría naval. Estos primeros pobladores de VPO se sumaron a la aventura del nacimiento de una nueva zona de extramuros al olor del ansiado segundo puente y de la instalación de El Corte Inglés. Dos décadas después, el barrio no acaba de arrancar. En lo comercial, sobre todo. Aunque tiene un potencial enorme: junto al segundo puente, frente al centro comercial Bahía de Cádiz y delimitado en parte por un parque y un paseo junto al mar.

“No acaba de arrancar porque no quieren las autoridades. Muchas visitas, muchos elogios, pero poco trabajo”, dice José Gaviño, el presidente de la asociación de vecinos, que nos atiende en la sede, de la calle Luis Arenal, que lleva el nombre del recordado dirigente de Astilleros, barrio por el que tanto luchó. “El silencio administrativo” impera ante muchas peticiones de la entidad vecinal. El aparcamiento es el caballo de batalla de este barrio. “Se perdieron 500 plazas cuando se construyó la Casa de las Artes. Luego hicimos un estudio para ganar 120 plazas en la calle América. El Ayuntamiento de Cádiz lo vio bien y sacó a licitación la obra, pero quedó desierta. Ahora parece que la Delegación Municipal de Urbanismo estudia poner por ahí el carril bici, y esto supondrá perder las plazas con las que ahora contamos. Y mucho nos tememos que algunos árboles también”, relata Gaviño.

Mari Ángeles Galán e Isabel Arzúa, de la Frutería Sonia. Mari Ángeles Galán e Isabel Arzúa, de la Frutería Sonia.

Mari Ángeles Galán e Isabel Arzúa, de la Frutería Sonia. / Jesús Marín

No es un barrio de paso, hay que llegar hasta allí. Y sin aparcamiento, es complicado hacerlo. “Por eso los negocios vivimos de la gente del barrio”, destaca Jesús Loaiza, de Alimentación Grosso. La Casa de las Artes da cierta vida al Astilleros. Los estudiantes comprar sus bocatas en comercios de alimentación como el asador de pollos Nico y material para sus asignaturas en la tienda StandArte. “Es una zona aislada, aunque El Corte Inglés es un foco de atracción que nos ayuda. En el comercio hubo muchas expectativas puestas que se quedaron en nada”, dice Gabi, del bar Grimaldi, que abrió en 2010. Se refiere a los grandes locales de los soportales de la avenida de las Cortes. Su hermano Sergio, copropietario, señala que “los locales vacíos de la avenida de las Cortes no son un buen escaparate para mostrar el barrio”.

La marcha de la tienda Lefties a Bahía Sur ha sido definitiva para una zona en la que se pusieron muchas esperanzas y en la que también estuvieron Zara y Pull&Bear, ambas también de Inditex. Actualmente, de los 13 locales en los soportales de la avenida de las Cortes, ocho están vacíos y cinco ocupados. “Hay uno de Procasa que lleva 20 años sin uso y hemos tenido que llamar varias veces a la Policía porque ha entrado gente dentro”, cuenta José Gaviño. “Se fueron las grandes marcas por las altos alquileres”, apostilla. Como se fueron casi todas las sucursales bancarias. Queda tan solo el Banco Santander, cuando llegó a tener BBVA, La Caixa, Unicaja y Cajasur.

Uno de los negocios hosteleros en el Paseo Príncipe de Asturias. Uno de los negocios hosteleros en el Paseo Príncipe de Asturias.

Uno de los negocios hosteleros en el Paseo Príncipe de Asturias. / Jesús Marín

Pero los locales del interior del barrio están saliendo adelante. Apenas hay un par de ellos vacíos y en el resto proliferan pequeños negocios. Están cubiertas las necesidades básicas con comercios de proximidad, alimentación, un congelado, una farmacia, un supermercado Dia, dos bazares, tienda de frutos secos, un gimnasio, peluquería, bares, panaderías, cafeterías, Asisa, un centro de cirugía plástica y estética, una clínica de fisioterapia, un taller de costura, la sede de la Asociación Española contra el Cáncer, una guardería, un estanco o la carnicería de Adri Páez, que ha dado un pelotazo en Astilleros y que ya proyecta la apertura de un restaurante en la misma calle, Emilio Castelar. Y para todo lo demás, Hipercor actúa como ultramarinos de guardia.

Hay sitio para el emprendimiento. La Frutería Sonia abrió el 26 de octubre del año pasado. Isabel Arzúa y Mari Ángeles Galán la regentan. “Estamos muy contentas porque ha tenido buena aceptación”, dice la primera. “Buen barrio, buena gente”, apunta la segunda. “Sonia, la jefa, tiene un puesto en la Plaza y las personas que le hacían pedidos desde este barrio en el confinamiento le rogaban que abriese aquí”, expone Arzúa. Llega Mónica, una cliente que lleva cinco años viviendo en el barrio. Critica los coches en doble fila en la calle América. Y, como madre de dos hijos pequeños, valora la ventaja de tener un parque y un paseo junto al mar en el barrio, que son dos activos y atractivos de Astilleros.

Conviven pisos de renta libre, VPO y realojo. 1.413 viviendas, unos 5.000 habitantes. Mucha población para considerarse un barrio aislado. Sergio Grimaldi recuerda que Luis Arenal ya decía “que el barrio se planificó mal, bloqueado con El Corte Inglés delante”. José Gaviño espera que la avenida transversal facilite el acceso a la playa, “sobre todo si ponen una nueva línea de autobuses como pensamos”. La nueva vía “acercará al barrio al otro lado del centro comercial”.

El segundo puente sobre la Bahía “parece que ha descongestionado el tráfico, pero ni da ni quita al barrio”, estima José Gaviño. “El parque está bien, pero debería estar cerrado de noche. Y en el paseo hace falta algún negocio hostelero para darle vida”, añade. Además, la limpieza “ha mejorado y no puede decirse que sea un barrio conflictivo”.

No hay que fiarse de las apariencias, pues los soportales, al ser como la puerta de entrada, dan una imagen errónea de Astilleros con sus locales vacíos. Una vez que se accede al interior, el paisaje es otro: el del barrio más joven de Cádiz que quiere hacerse mayor y asentarse con mejores prestaciones y más vínculos con el resto de la ciudad.

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