Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
ESTE país es muy aficionado a la buena mesa, desde la mesa camilla a la mesa redonda. Hay mesas para todos los gustos, en algunas de las cuales han llegado a reunirse más de 60 personas. Pero ninguna mesa como la del Congreso. Por un puesto en la Mesa del Congreso puede ocurrir que se remuevan los cimientos del Estado, que se reconcilien los más enconados rivales, que se hagan añicos los pactos y que se vaya todo al caso que nos ocupa. Por ello, ser presidenta de esa Mesa no es un cargo cualquiera. Es la sucesora de Patxi López y la tercera autoridad del Estado. Patxi duró poco, un suspiro de España. Su nombre es Ana y hoy celebra su santo. Pero la santa es ella, que tiene el cielo ganado con esta legislatura.
Ana Pastor es una de las políticas más talentosas de este país, lo que tampoco parece tan difícil. Sin embargo, la vulgaridad ajena (con diputadas que a veces se llevan bebés al Congreso para ser fotografiadas, o los que se ponen camisetas playeras para la solemne toma de posesión, entre otras extravagancias) no excluye los méritos propios. Ana Pastor parece gallega, pero no lo es. Nació en un pueblo de Zamora, llamado Cubillos, y estudió Medicina en la Universidad de Salamanca, terminando los estudios y colocándose después, incluso tras ganar unas oposiciones. En un cierto momento, esta señora trabajaba en la delegación pontevedresa de la Consejería de Sanidad de la Xunta de Galicia. Ahí se galleguizó, además de conocer a Mariano Rajoy. No se casó con él, sino con otro señor, pero al tal Rajoy le guardó una fidelidad incombustible (en lo político, se entiende).
La señora Pastor es un ejemplo de que el profesional puede entrar en la política, sin necesidad de ser un político profesional desde los años del Bachillerato. Su profesionalidad es como su fidelidad: auténtica. Porque Ana cuando quiere algo es que lo quiere de verdad. Así ocupó diversos cargos públicos, no pocos de ellos con Rajoy como jefe. Ha conseguido sobrevivir a todos, sin pringarse en ninguno. Mujer limpia, a la que se le nota. Y de las pocas ministras de Sanidad que tenían la carrera de Medicina terminada, en vez de ser abogada. También ha triunfado como ministra de Fomento, incluso inauguró el Nuevo Puente de Cádiz, que según Magdalena Álvarez sería inaugurado por Zapatero a su vera.
A mí, una vez, Ana me regaló un libro, lo que confirma que es una mujer cultivada, de finos detalles. Y que no sólo Pablo Iglesias regala libros. Ahí donde la ven, es aficionada a la literatura de Borges y a la música de Pink Floyd. Hay pocos y pocas como ella en la política española.
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