Drogas emergentes

Diez años y mil noches con Superman

  • Hace una década aparecieron las primeras drogas emergentes, nacidas para emular los efectos de las tradicionales pero esquivando la ley: son alegales, de fácil síntesis y más baratas

Jóvenes se divierten en una discoteca. Jóvenes se divierten en una discoteca.

Jóvenes se divierten en una discoteca. / M. G.

Estos diez años se le han pasado al Capi volando. Y parece que fue ayer, dice como pensando en voz alta. Era el verano de 2008, el de la primera Eurocopa de España, y se fue con unos amigos a pasar las vacaciones a Palma de Mallorca. La discoteca que más les gustó fue Tillate. Allí probó por primera vez el 2C-B, una droga entonces emergente que hoy disfruta de gran predicamento.

La pastilla que aquella noche tomó Capi, apodo de un joven sevillano de 29 años que prefiere ocultar su nombre, lleva impresionado el logo del símbolo de Superman: "Me sentía invencible. Nadie podía ganarme en la pista, camino de la barra y hasta en el baño. En un momento llegué a ver a todo el mundo desde el aire... ¡Que estaba volando, chaval!".

El hombre, desde que es hombre, ha usado sustancias para alterar su estado de percepción. Con diferencias según la región del planeta, la utilización de estimulantes o depresores del sistema nervioso central se remonta al origen de los tiempos y llega hasta hoy. En esta parte del mundo hay sustancias legales, ilegales –cocaína o heroína– y alegales que, por ser novedosas, no están ni prohibidas ni consentidas.

Es lo que le pasaba hace una década a la pastilla conocida como Superman, cuyo principio activo pertenece a la familia de la feniletilamina y que combina "el buen rollo del éxtasis y las alucinaciones del LSD". "Ahora bien, la bajona del día siguiente es brutal", avisa Capi, a quien dice no sonarle de nada la kriptonita.

A las autoridades sanitarias tampoco les sonaban hace diez años ni la 2C-B ni la mefedrona, una droga de la familia de las catinonas que tuvo un gran público vendiéndose como fertilizante y sal de baño. Fueron las primeras drogas emergentes, las pioneras.

La crisis en el origen

La crisis económica y financiera irrumpió en 2008 y, con ella, el surgimiento de las conocidas también como nuevas sustancias psicoactivas. "La calidad de la cocaína y del éxtasis era mala y hubo desabastecimiento debido a las acciones policiales", explica Claudio Vidal, responsable en Andalucía del proyecto Energy Control de la Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD).

El proceso de empobrecimiento de las clases medias europeas se hizo imparable y las noches de fiesta se convirtieron en odiseas para aquellos que ansiaban su dosis de droga disponible. Pastillas como la de Superman, además, eran de las más baratas, aunque la primera vez que Capi la tomó desconocía su novedad. "Me daba igual lo que fuera, la verdad, yo sólo quería un poco de fiesta", rememora.

El desconocimiento de estas drogas emergentes y, por tanto, el de sus efectos y las dosis asociadas es para los expertos en la prevención de toxicomanías uno de los problemas más acuciantes. Este patrón, según los técnicos, aunque también exista el consumidor "experimental", es el "sustitutivo": las nuevas sustancias tratan de emular los efectos de las ilegales y tradicionales.

"Se vende como si fuera éxtasis, pero puede ser un compuesto más potente", explica Vidal, el portavoz de la ABD en Andalucía, quien llama la atención sobre las "impredecibles consecuencias": "El mercado hace circular sustancias cada vez más potentes y, si se toman pensando que es la tradicional, la probabilidad de sobredosis es mucho mayor".

Ahí radica el problema para los consumidores. El de las autoridades y administraciones, aparte de la salud de sus ciudadanos y contribuyentes, es el control de un mercado en continua metamorfosis que huye con tanta facilidad de la ley como fácil resulta la síntetis de los nuevos psicotropos. Así lo explica un informe del Ministerio de Sanidad de 2014: "El objetivo de los laboratorios a pequeña escala es modificar la estructura de las ilegales, convirtiéndolas en alegales, lo que las hace de libre circulación y baratas, factor relevante para los grupos con menor poder adquisitivo".

La Consejería de Bienestar y Políticas Sociales calcula en el III Plan sobre Drogas y Adicciones que el consumo entre jóvenes andaluces de 16 a 34 años es del 3,9%, un ratio menor que el que atribuye la Comisión Europea a España en una franja entre 15 y 24 años: el 4,9% de los españoles declararon haber consumido estas sustancias alguna vez en su vida, un promedio que es prácticamente el de la media europea (5%). La tendencia de los últimos años muestra una tendencia a la baja. Al parecer, algo tiene que ver el repunte de consumo de las drogas tradicionales. El alcohol, una sustancia que afecta al sistema nervioso central pero legal, es consumido por el 75% de los adolescentes.

Internet como camello

Capi siempre se ha considerado de clase media. Trabaja en un pizzería desde hace dos años y ha dejado "todo ese rollo" desde que es padre, hace un año. Las últimas veces, "casi ni me acuerdo", dice socarronamente, "compraba por internet y me traían los polvos a casa con un mensajero". La novedosa distribución, con el mismo espíritu que el de la sociedad de las nuevas tecnologías, hace aún más complicado el control de unos tóxicos cuyo consumo, señala Vidal, "no es en absoluto alarmante".

Con internet en el papel de camello de cada noche se complica además la fiabilidad en el el registro de los datos. Vidal no se atreve a ofrecer un número de usuarios de psicoactivos emergentes. Las encuestas carecen de patrones consensuados. "Además", apunta Vidal, "el consumo se centra en grupos de población que no suelen ser objeto de encuestas".

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