Diario de una gran hazaña | Capítulo 19 (7 de junio de 1520) La flota de Magallanes suma dos meses confinada en la Patagonia

  • El capitán general de la expedición se ha enterado ya de la pérdida de la nao 'Santiago' y ordena a un destacamento que se encamine a pie hasta el puerto de Santa Cruz para asistir a los supervivientes

  • Un lombardero francés muere ahogado, elevando a nueve los fallecimientos en la tripulación 

Retrato del marino portugués Fernando de Magallanes, capitán general de la flota española que busca llegar a la Especiería navegando hacia occidente. Retrato del marino portugués Fernando de Magallanes, capitán general de la flota española que busca llegar a la Especiería navegando hacia occidente.

Retrato del marino portugués Fernando de Magallanes, capitán general de la flota española que busca llegar a la Especiería navegando hacia occidente. / D.C.

El invierno austral se ha presentado con toda su crudeza ante la flota de las especias que comanda Fernando de Magallanes, la cual suma ya dos meses confinada en la bahía de San Julián, un recoveco que hace la costa del cono sur de América, en la zona de la Patagonia. La expedición se vio obligada a desembarcar aquí el pasado 31 de marzo debido a la mala climatología y en estos meses ya ha vivido, entre otros acontecimientos, un intento de motín el 1 de abril que fue sofocado pero causando varios muertos y el naufragio de la nao Santiago, ocurrido el pasado 22 de mayo algunas leguas más al sur, cerca del puerto de Santa Cruz, y que se saldó con un único fallecido.

Ha sido hace muy pocos días cuando Magallanes se ha enterado de la pérdida de la más pequeña de las cinco naos con las que esta expedición a las Molucas partió de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre del año pasado. Los dos marineros enviados por el capitán de la Santiago, Juan Serrano, lograron llegar a San Julián tras varios días de penosa caminata para dar la mala nueva al capitán general de la flota. La noticia evidentemente ha disgustado a Magallanes, pero principalmente por el hecho de que piensa que ahora, con una nave menos, tendrá menos espacio para llevar de regreso a España las especias cuando encuentre primero el paso transoceánico y cuando luego toque tierra en las ansiadas Molucas.

Una vez encajada la pérdida de la nao, y satisfecho por que solo haya habido un fallecido de una dotación de más de 30 hombres, Magallanes ha ordenado a un destacamento que se encamine a pie hacia el puerto de Santa Cruz, donde la tripulación de la nao hundida por el temporal continúa apostada para seguir recogiendo los enseres de la embarcación que la mar viene devolviendo a la orilla de manera periódica. La primera misión de ese destacamento es aportar víveres a los supervivientes y prestarles cuanta ayuda sea precisa.

Mientras tanto, el grueso de la flota permanece acampada en San Julián, donde el pasado día 2 de junio hubo que lamentar otro fallecimiento. Un lombarbero de origen francés, soldado encargado de tener siempre a punto los cañones que lleva la nao San Antonio, perdía la vida tras morir ahogado de manera inesperada. Con él se elevan a nueve los fallecidos en esta expedición.

La bahía de San Julián es un asentamiento que ofrece protección a la flota, aunque Magallanes ya ordenó semanas atrás que multiplicaran los amarres de las cuatro naos supervivientes en previsión de que el invierno austral siguiera recrudeciéndose y se intensificaran los fuertes vientos reinantes. En cualquier caso, y gracias a las informaciones facilitadas por los dos marineros de la Santiago llegados a pie a San Julián, el militar portugués ya sabe de la existencia un poco más al sur del puerto de Santa Cruz, un espacio que está confirmado que no es el ansiado paso al otro océano pero que sí ofrece una mayor protección ante las inclemencias meteorológicas y, lo que es quizás más importante, mucha pesca.

En cualquier caso, la flota de las especias no está muy a disgusto en San Julián. Tras las penurias vividas en alta mar, los marineros disfrutan ahora de algo de protección en las cabañas levantadas, donde pueden dormir por las noches con más comodidad y holgura que a bordo. Y hay comida y bebida aseguradas gracias a la fauna tan particular que han encontrado en este enclave y gracias también a una laguna cercana que aporta agua potable. Eso sí, tienen que seguir soportando temperaturas bajo cero y jornada de apenas siete horas de sol.

Pese a esta supuesta tranquilidad, Magallanes sigue sin tenerlas todas consigo. Es verdad que tras lograr sofocar el motín sus adversarios no tienen ahora apenas fuerza, pero el militar portugués sabe que si el confinamiento en la Patagonia se alarga, pueden volver los nervios en la expedición y las voces críticas entre quienes siguen apostando por regresar ya a tierras españolas.

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