La familia Kretz, una estirpe unida en una inmobiliaria enfocada en el lujo y su operación con Santiago Segura
Esta familia francesa tiene un 'factual' en Netflix
Fundada en 2007, la firma francesa Kretz Family Real Estate nació con una visión diferente del sector inmobiliario de lujo: combinar profesionalidad, autenticidad y valores familiares para ofrecer un servicio cercano y personalizado. Con una fuerte presencia en redes y su propio factual en Netflix Negocio familiar: viviendas de lujo, este compañía se aleja de códigos tradicionales, consolidándose como una referencia internacional en el mercado inmobiliario premium y reforzando su imagen, con presencia en la Costa del Sol. La charla es con Louis Kretz, co-director de Kretz Spain.
-¿En qué momento exacto decidieron que querían trabajar juntos los seis como familia y no simplemente montar una agencia inmobiliaria “normal”? ¿Hubo un desencadenante concreto?
-Con los años, mis hermanos se fueron incorporando a la empresa. Martin se sumó a la agencia en 2007 para acompañar su lanzamiento. Valentin, después de una experiencia en el sector inmobiliario comercial en Nueva York y luego en Filipinas, se unió de manera natural cuando volvió. En mi caso, tras dos años en hostelería y restauración, entré en la agencia hace seis años, antes de venir a vivir a España. En cuanto a Raphaël, que ya estaba inmerso en el sector inmobiliario, su llegada también fue algo natural para nosotros.
-Cuando empezaron en 2007, el lujo inmobiliario solía ser frío y distante. ¿Cómo reaccionaron los primeros clientes al ver que llegaba una madre, un padre y cuatro adolescentes a enseñarles casas de 10-15 millones?
-No vendimos propiedades de ese calibre inmediatamente, sobre todo en los primeros años marcados por la crisis de las subprimes. El deseo de dedicarnos al sector nació, de hecho, de la compra de nuestra propia casa en Boulogne. Pasamos dos años sin realizar ventas por la situación económica. Mi madre, antigua profesora, tenía una excelente agenda de contactos y la compra de nuestra casa nos orientó a una estrategia centrada en nuestro barrio. Fuimos pioneros en comunicación: nosotros mismos hacíamos las fotos y los drones para poner en valor las propiedades.
-Sandrine y Olivier, los padres, ¿alguna vez se han arrepentido de meter a sus hijos tan jóvenes en un mundo tan competitivo y a veces despiadado?
-No, ante todo se trata de transmisión y de pasión. Nuestros hijos siempre han crecido rodeados de inmobiliaria. Lo que hace este oficio apasionante es la historia, el patrimonio y los encuentros humanos. En muchos ámbitos el entorno es muy competitivo, pero hay que saber distinguirse y nosotros lo hemos hecho juntos.
-Los hijso: Martin, Valentin, Louis y Raphaël: ¿qué fue lo más duro de crecer delante de una cámara y al mismo tiempo cerrar operaciones de varios millones con clientes que podrían ser sus abuelos?
-Tras algunos reportajes televisivos, una productora se fijó en nosotros. En la primera temporada no sabíamos realmente en qué nos estábamos metiendo. Pero desde la primera emisión, el público conectó enseguida. Con el paso de las temporadas, las audiencias han aumentado gracias a las propiedades y a que permitimos que la gente sueñe. Cada vez estamos más cómodos frente a la cámara, sin mirarla nunca, por supuesto.
-¿Qué propiedad les ha marcado más emocionalmente de todas las que han vendido?
-Diría que mi última venta en París, antes de irme a Barcelona, sigue siendo una de las más impactantes. Se trataba de un piso en la última planta con vistas impresionantes a la Torre Eiffel. Estaba bajo las buhardillas de un magnífico edificio haussmanniano, renovado con materiales de alta gama. Un apartamento excepcional de unos 3 millones de euros.
-La sede está en el antiguo dúplex de André Malraux. ¿Sienten de verdad su presencia o es un símbolo de marketing? ¿Qué rincón de la casa les conecta más con él?
-Es una cuestión de energía y vibraciones. No podemos pretender "sentir" su presencia física, pero hay un alma especial en este lugar. El rincón que más me conecta con él es la planta superior, por su luz y sus volúmenes atípicos. Es fácil imaginar a un hombre de ideas reflexionando allí. Es un lugar que impone respeto e inspira.
-En la serie se les ve discutir precios, comisiones y estrategias delante de los clientes. ¿No les da miedo que eso rompa la imagen de lujo intocable?
-No, porque ofrecemos una imagen más moderna de nuestro oficio. En la serie tenemos la obligación de anunciar los precios; son propiedades reales y clientes reales. Con el tiempo, la serie se ha convertido para nosotros en un auténtico y eficaz canal de ventas.
-¿Cómo gestionan internamente los celos o las diferencias de talento? Cada hijo tiene un estilo muy distinto a la hora de negociar.
-No existen realmente celos internos. Martin y Valentin tienen un pequeño lado competitivo, pero siempre desde el respeto. Cada uno aporta su granito de arena y hemos aprendido a trabajar juntos bajo la equidad y la igualdad. Nos ayudamos para ser más fuertes de manera colectiva que individualmente.
-Han dicho que su base de datos no clasifica solo por presupuesto, sino por “estilo de vida y valores humanos”. ¿Pueden dar un ejemplo de clientes que han emparejado con casas opuestas por su forma de ver la vida?
-Sí, por supuesto. Nuestro trabajo consiste precisamente en entrar en la vida de las personas y comprender sus pasiones para orientarlas hacia propiedades que les correspondan. No es solo una cuestión de precio, sino de historia personal y gustos.
-En España están creciendo muy rápido. ¿Qué tiene el cliente español de lujo que les ha enganchado tanto?
-Son las propiedades y las historias lo que vuelve esto apasionante. Lo interesante es que cada mercado es distinto: Madrid no tiene nada que ver con Barcelona o la Costa del Sol. Los perfiles varían y eso aporta una gran diversidad a nuestro día a día.
-¿Cuál es la operación más loca que han cerrado en España hasta ahora?
-El Castillo de Pedraza, a una hora de Madrid (a Santiago Segura y José Mota). Vender un castillo al poco tiempo de llegar a España no era algo evidente. Recibimos numerosos artículos en la prensa; fue una experiencia increíble.
-La serie les ha hecho famosos. ¿Ha cambiado su relación con los vendedores? ¿Hay propietarios que les llaman solo para salir en Netflix?
-Sí, efectivamente. Algunos propietarios nos contactan expresamente para que su propiedad aparezca en la serie. Se sienten orgullosos de su casa y saben que el programa es un canal de ventas de alcance global, por lo que nos contactan de forma espontánea.
-¿Qué le dirían a una familia joven que quiera montar una inmobiliaria familiar en 2025?
-Les diría que es una experiencia muy enriquecedora. Su principal fortaleza será la unión y la visión compartida. Es fundamental definir con claridad los roles de cada uno y los valores que desean transmitir. Con autenticidad y profesionalismo podrán construir una empresa sostenible.
-¿Hay algún destino donde todavía no estén y que les obsesione abrir en los próximos tres años?
-Diría que Portugal, Bélgica, Suiza e Italia.
-Cuando llegue el día de jubilarse Sandrine y Olivier… ¿quién creen que será el próximo CEO y cómo lo van a decidir sin romper la familia?
-Decidimos contratar a un director externo para delegar tareas y estructurar mejor la empresa. Mis padres nunca se jubilarán realmente, especialmente mi padre; es imposible imaginarlo fuera. Siguen plenamente implicados: él crea contenido y estrategia, y ella sigue cerrando sus ventas anuales con el mismo entusiasmo.
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