Semana Santa

El respeto de los cielos que faltó en las aceras

  • Enorme Semana Santa en la que la meteorología acompañó casi hasta el final, con todas las cofradías en la calle Los episodios al Despojado y al Nazareno, lo más negativo

DICEN que lo bueno dura sólo un respiro. Y en la última semana ha habido tantas cosas buenas que quizás un suspiro sea mucho decir para lo que ha durado. O para la sensación que le quedará a los cofrades en este Domingo de Resurrección, donde ya sólo quedan los coloridos adoquines pintados con regueros de cera que en los próximos días irán desapareciendo a base de agua a presión.

La Semana Santa de este año 2015 parece haberse marchado dejando un generalizado sentimiento de plenitud. Plenitud alcanzada con la presencia en la calle de absolutamente todos los cortejos procesionales, esta vez sí. Y plenitud de detalles, de buen hacer de las cuadrillas, de grandes estrenos y recuperaciones en la calle, de música tras los pasos, de flores de todo tipo...

Lo mejor, con diferencia, ha sido la ausencia de preocupaciones derivadas de la meteorología hasta última hora de ayer, donde empezaron a caer algunas gotas cuando la Virgen de la Soledad marchaba por San Juan de Dios camino ya de El Pópulo devolviéndonos estampas que años atrás eran todo un clásico casi a diario. Frente a la imagen de Santo Entierro acelerando el paso a su templo, no sólo no ha habido riesgo de lluvia durante toda la semana -sumando ya el segundo año consecutivo con esta positiva tendencia- sino que la práctica ausencia de viento ha permitido además regalar estampas difícilmente repetibles con palios completamente encendidos y cortejos con todos los cirios alumbrando el camino de Jesús y de María.

Esta bonanza en lo meteorológico ha permitido que haya cofradías y cortejos que hayan lucido casi a la perfección durante su camino a Catedral y el regreso a sus templos. No pocas cofradías han podido disfrutar de una estación penitencial plena en todos los sentidos.

Y entre tanto bueno que ha dejado la Semana Santa que ya sólo conservará los recuerdos de cada uno, la nota más negativa, una vez más, ha estado en las aceras. El público -o parte de él, mejor dicho- no ha estado a la altura de la Semana Santa, impidiendo guardar el debido respeto al paso de las cofradías. Las notas que han marcado el transitar de las procesiones este año, por encima de cualquier otra, han estado el Domingo de Ramos con el Despojado y en la ya madrugada del Viernes Santo con el Nazareno.

En el primero de los casos, a pesar de que la cofradía lleva ya siete años procesionando, una parte del público sigue censurando los característicos andares de la cuadrilla -en todo momento con la forma de carga propia de la ciudad y con la presencia de los manigueteros haciendo sonar la horquilla-. Este problema se circunscribe al casco histórico, y más especialmente a la carrera oficial, transitando la hermandad con total normalidad por el resto del recorrido (por cierto, cada vez más seguido desde Puertas de Tierra hasta Salesianos).

En el segundo caso, la ciudad vivió el episodio que desde hacía meses se sabía que iba a vivir. Un auténtico bochorno que en la jornada de ayer llevó la Semana Santa a los telediarios de diferentes cadenas. Público silbando, chillando, insultando y amenazando a la junta de gobierno por no compartir el nuevo itinerario que anulaba el paso por Sopranis y Botica para llegar a Santa María. Y muchísimo público en San Juan de Dios pendiente únicamente de ver tremendo espectáculo, todo ello ante una imagen que es Regidor Perpetuo de la ciudad y de las de mayor devoción.

A estos lamentables episodios se une una práctica que parece estar alcanzando límites preocupantes: la sillita como elemento indispensable para ver procesiones. Si bien es cierto que en los últimos años cada vez se veían más elementos de estos, lo ocurrido este año parece sobrepasar los límites. El público se apostaba en cualquier lugar en el que determinaba ver una hermandad, creando en pocos segundos un verdadero campamento urbano. Esta práctica conlleva dos problemas principales; el primero, relacionado con la Semana Santa, es que impide que haya más público contemplando procesiones. Apropiarse de una acera con sillas y sin permitir que se coloque más gente detrás o delante resta público viendo las cofradías. Y el segundo, mucho más grave, está relacionado con la seguridad; o con la falta de la misma que se crea cuando esos campamentos de sillas se apostan en cruces, esquinas y otros lugares, creando auténticos tapones y dificultando el tránsito normal del mucho público que ha bajado al casco histórico.

Esta circunstancia, que parece ir en aumento -de lo cual también han tomado nota los comercios, que venden a destajo estos elementos plegables- provoca un grave problema para el Consejo de Hermandades, como organizador de la Semana Santa; y para el propio Ayuntamiento, como administración responsable de la seguridad en la ciudad; ambas partes tendrán que estudiar medidas que puedan articularse para impedir esta práctica.

Además, en muchos casos son las propias cofradías las que facilitan esta irrupción de carreras oficiales paralelas al transitar por las mismas calles una detrás de otra. Cuando más se acentúa esta práctica es el Miércoles Santo, pero realmente se da a lo largo de toda la semana. Por eso, las experiencias vividas por algunas cofradías variando los itinerarios para evitar seguir el rastro de las de delante o que lo sigan las de detrás resultan positivas tanto para las propias cofradías como para el público que acude a verlas. Despojado, Caído, Ecce-Homo o Medinaceli han sido buenos ejemplos este año.

Sí hay que alabar al público que haya arropado a todas las cofradías en casi todos los puntos de recorrido. Incluso dicen que ha habido un repunte de público en la Madrugada del Viernes Santo, donde muchos siguen demandando medidas que procuren un nuevo impulso a esta jornada. Este es el reto que tienen por delante las hermandades de la ciudad, porque la Semana Santa que tan brillante ha transcurrido ha sido la última con Servitas el Viernes Santo. Por tanto, habrá que buscar fórmulas para un mejor reparto de hermandades en cada día que ayude a que en el futuro siga siendo el cielo el único que impida una gran Semana Santa. Con respeto de las aceras, claro.

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