Misericordiae Vultus
Hoy, Jueves Santo, la Misericordia llama a nuestros corazones de muy distintas formas
"De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. (Romanos 12 6-8)"
EL pasado día 8 de Diciembre de 2015, festividad de la Inmaculada Concepción de María, dio comienzo el Año Jubilar de la Misericordia, conforme a la promulgación de la Bula por Su Santidad el Papa Francisco.
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, la palabra misericordia tiene varias acepciones, destacando de entre ellas y por lo que aquí nos importa dos:
1. Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos.
2. Atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas.
Hoy, Jueves Santo en La Isla, la Misericordia llama con fuerza a nuestros corazones desde muy distintas maneras. Lo hace con ese Cristo que carga la Cruz de nuestros pecados desde ese que es barrio pastoreño y cofrade como ningún otro. Pero también lo hace con ese otro que, Caída tras Caída, también carga la Cruz de nuestras miserias desde el barrio de la Bazán. Y lo hace con ese otro que desde la Casería clavado en la Cruz derrama su Perdón a todos los cañaíllas. Y Expirando, nos ofrece su cuerpo y su espíritu al embocar el dintel de la castrense Iglesia de San Francisco.
Y cuando la noche cerrada brilla con la luz de la primera luna rompedora de la primavera, también encontramos la Misericordia de Ese, el que todo lo puede, en marea humana de plegarias, rezos y saetas hasta las primeras horas de la mañana del Viernes Santo.
Todos esos Cristos, que son solo uno, derrochan Misericordia y bondad desde la tarde del Jueves Santo hasta la amanecida del Viernes Santo. Todos esos Cristos, que son solo uno, se sirven de la Cruz para transmitir el Perdón, pilar básico en el que descansa la Misericordia de Dios. Cuando hacemos Estación de Penitencia, no otra cosa pretendemos que rindiendo culto público a nuestros Titulares, acompañemos nuestro caminar con el perdón de nuestros pecados. Cuestión ésta de especial trascendencia en nuestras corporaciones, en las que cualquier acto del prójimo que nos ofenda debe imperativamente pasar por el tamiz del diálogo y la disculpa, ya que en otro caso quedaría huérfano de sentido el concepto "Hermandad".
Jesús Nazareno, Jesús Crucificado, Jesús de Misericordia. Quizás con la contemplación de tan significativas tallas, el cofrade sea capaz de comprender cual debe ser precisamente el sentido de la Hermandad, el sentido de su ser y estar en la Iglesia y con sus semejantes. Creo que no puede ser otro que seguir la senda marcada por el Papa Francisco a través de la Bula promulgada hace unos meses. Y ello conlleva, aparte de otras muchas cosas, un gran ejemplo de sacrificio, entrega, compasión y perdón.
¿ Qué sentido puede tener, hermano, hermana cofrade a los ojos de ese Cristo que dio su vida por todos nosotros, que nuestro ejemplo resulte ser inversamente proporcional al derroche de Amor que El hizo al cargar con nuestros pecados y morir en la Cruz del oprobio ?
¿Qué lógica puede guardar acompañar a nuestros Titulares esta próxima tarde, noche y madrugada cuando al finalizar la estación de penitencia y desvestirnos de nuestro hábito, también nos desvistamos de nuestra esencia cristiana ?
La Misericordia de Dios es tan inmensa, tan plena y fortalecedora de nuestra Fe, que si somos capaces de seguir los pasos a los que nos invita el Santo Padre, daremos pleno sentido a nuestro ser como cofrades y con ello como cristianos de bien.
Siendo así, no puede ser misericordioso aquel que no tiene Esperanza al despertar de la muerte; no puede ser misericordioso aquel que no siente Piedad del prójimo; no puede ser misericordioso aquel que evita el compromiso ante las Angustias de aquellos que lo necesitan; no puede ser misericordioso aquel que no sana los Dolores de aquellos que sufren por mor de la calamidad que les aflige; no puede ser misericordioso, en definitiva, aquel que no vive en Paz consigo mismo y con los demás.
En un mundo que no es capaz de aprender de los errores del pasado, que se empeña una y otra vez en el conflicto, el terrorismo y la desigualdad social, en un mundo en el que el ser humano es lobo para sí mismo, nosotros los cofrades, los que presumimos de ser cristianos de bien aún con nuestras faltas, sigamos el consejo del Papa Francisco y demos un paso al frente para dar vivo ejemplo de la plenitud misericordiosa que Ese que cargó con la Cruz y fue crucificado trató de transmitir dando su vida por todos nosotros.
Por ello, revistámonos de nuestro hábito nazareno en cada gesto de ternura y cuidado hacia el enfermo, en cada trozo de pan que comamos con el hambriento, en cada vaso de agua que bebamos con el sediento, en cada techo que albergue a aquel que huye de la miseria, de la guerra o la persecución, en cada prenda que cubra la piel desnuda, en cada encuentro redentor con el cautivo de sus males, en cada despedida del que ya nos dejó.
Y todo eso, venga acompañado de una fortaleza espiritual que nos permita enseñar, aconsejar, corregir, perdonar, consolar, sufrir y orar.
Los días de la Pasión están próximos a su fin. Pronto llegará el gozo de la Pascua redentora; el punto de inflexión que dará pleno sentido a todo lo que hemos vivido y sentido días atrás. Sigamos los pasos de la Misericordia de Dios sin ataduras ni complejos. Motivos más que suficientes nos rodean para ello, no hay excusa posible para apartar la mirada como si nada pasara.
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