Martes Santo

Una tarde para ser cofrade

  • Las tres hermandades de la jornada -Prendimiento, Huerto y Caridad- afrontaron sus salidas procesionales aprovechando la mejoría que brindó la tarde tras una lluviosa y nublada mañana

EL  Martes Santo fue la tercera jornada de la Semana Santa que llegó entre nubes. La anunciada lluvia, cuya amenaza acabó con las expectativas de un Lunes Santo en ciernes en la tarde anterior, llegó con la noche. ¡Y vaya si llegó!  Una auténtica tormenta que se prolongó durante toda la madrugada y hasta primeras horas de la mañana para dar una aciaga bienvenida a la tercera jornada de la Semana Santa.

La realidad a primeras horas de la mañana era completamente desalentadora. El Martes Santo llegaba empañado por la lluvia y el agua no cesaba de caer. Pero los pronósticos, los partes del tiempo y las páginas webs especializadas en meteorología -que se actualizaban cada pocos minutos para ver si había algún cambio favorable- advertían de una notable mejoría para la tarde. ¡Y vaya si llegó!. A partir de las cinco, descartaban toda probabilidad de precipitaciones para el resto de la jornada y hasta preveían una noche espléndida. Y ya se sabe, hay que tener fe. Y más en Semana Santa. Fe en windguru, porque las predicciones se cumplieron.

Tampoco era la primera vez que la jornada del Martes Santo se encontraba en una situación similar. Sin ir mas lejos, el año anterior ocurrió exactamente lo mismo. Pasó exactamente lo mismo. Y las tres cofradías del día -Huerto, Prendimiento y Caridad- destacaron por su valentía al abrir las puertas de la iglesia y echarse a la calle en medio de una incertidumbre que dio paso a una tarde de lo más cofrade. Y las tres se vieron recompensadas con una de las mejores noches de la aciaga Semana Santa de 2011. Este año lo calcaron, pero con una esplendida tarde-noche, eso sí con algo de bajada en las temperaturas, pero espléndida.

Y  ayer el Martes Santo, con su lluviosa mañana, repetía un esquema conocido al que sus cofrades casi parecían haberse acostumbrado tras la desastrosa década de lluvia que arrastra la Semana Santa isleña. De hecho, la Semana Santa del Doce repite muchos de los patrones de la anterior. Casi parece un calco. Aunque esta vez no perdonó a un Lunes Santo que intentó en vano existir y que se quedó con poco más de dos horas y media de Afligidos en la calle.

Los partes eran buenos para la tarde y había que aferrarse a ellos. Y en el interior de los templos ni siquiera se quería hablar de la posibilidad de quedarse dentro, de suspender las salidas procesionales de la jornada.  El ambiente era distinto. Era esperanzador. Se esperaba que las horas fueran pasando y el que el sol de la primavera -tal y como advertían los pronósticos- fuera abriéndose paso para alumbrar una  nueva tarde de procesiones. Una tarde tranquila, Una tarde normal. Era todo lo que se pedía.  Todo lo que se esperaba en una de las jornadas más cofrades de toda la semana que, al igual que otros años, no se quería resignar.

Todo comienza

A primeras horas de la tarde fue aclarándose el cielo y fue abriéndose paso una prometedora jornada que comenzaría en apenas unas horas. La salida de las tres hermandades del día fue casi simultánea. Primero, Prendimiento, que desde la parroquia de San José Artesano puso en carrera su cruz de guía a las seis menos cuarto de la tarde. Tan solo media hora más tarde lo hizo la hermandad de la Sagrada Oración en el Huerto y María Santísima de Gracia y Esperanza Coronada, con uno de los cortejos más numerosos de la Semana Santa.

Y a las siete, los hermanos con túnicas negras y capirotes blancos de la Caridad se dejaron ver por las calles del centro. La jornada comenzaba con normalidad. Y la primera en entrar en Carrera Oficial fue la hermandad hortelana que, a las siete y media, avanzaba ya por la calle Real y se disponía a hacer su estación de penitencia en la Iglesia Mayor Parroquial antes de pedir la venía al vocal de día en el palquillo. Por aquellos entonces el centro de la ciudad era un hervidero de ciudadanos que disfrutaban con el paso de las comitivas. Desde la Magna no se presenciaba tanto público en los alrededores de la carrera oficial.

Una tarde emotiva

Para la hermandad del Prendimiento fue una tarde tremendamente emotiva. El recuerdo del que fuera hermano mayor de la cofradía, Juan Arteaga, fallecido recientemente, estuvo muy presente en esta agitada jornada de Martes Santo.

En el palio, la imagen de María Santísima del Buen Fin, en señal de luto, lució una nueva saya negra bordada por un grupo de mujeres de la hermandad bajo la dirección y el diseño de Juan Guerrero. La dolorosa, en este Martes Santo, ofreció así una imagen insólita sobre su palio y estrenando también el fajín que la familia del general Federico Herráez ha donado a la hermandad. Una imagen que recordó a su desaparecido compañero de junta de gobierno. Procesionaba la cofradía del Parque sin su mayordomo y quiso que la ausencia -como un gesto de duelo y condolencia- se notara. Ayer no hubo mayordomo frente al palio del Buen Fin. Solo el capataz.

Desgraciadamente, no fue la única muestra de condolencias que esta tarde cofrade estuvo presente. El palio de la Virgen de Gracia y Esperanza hizo su entrada en Carrera Oficial con la marcha Amarguras, de Font de Anta, en señal también de luto por la pérdida de Esperanza Márquez, madrina de la coronación canónica de la dolorosa, y de Julia Romero Barea, madre del hermano mayor de la corporación.

Pero estos gestos no restaron ni un ápice a los aires cofrades y marianos que desprende esta jornada que exhibió también al misterio de Jesús Prendido sobre su nuevo paso de misterio. Ayer estrenó los candelabros, que realzaron el conjunto pasional. Aunque, en realidad, ya se pudieron ver en la salida extraordinaria que la hermandad realizó el verano pasado con ocasión del vía crucis diocesano.

La imagen del Señor, además, salió con su nueva túnica bordada y completamente terminada. En apenas unos años, el misterio ha cambiado drásticamente. Para mejor, claro. Los isleños pudieron disfrutarlo con los característicos mecíos de la cuadrilla de cargadores de la hermandad -que celebra su décimo aniversario- a los sones de las marchas que interpretó la agrupación  Ecce-Mater, de Cádiz.

Otra de las novedades significativas de la jornada fue la terminación del dorado del paso de misterio de la Sagrada Oración en el Huerto, el otro olivo de la tarde del Martes Santo. Aunque aún están pendientes los candelabros para que el conjunto pueda darse por terminado, la terminación de la última fase que la hermandad ha llevado a cabo este año completa el último respiradero. Especialmente llamativo también ha sido el estreno de la cartela lateral del canasto que el imaginero sevillano Fernando Aguado ha tallado y que está ilustrada por los titulares de la hermandad sacramental de la parroquia de la Pastora, la Misericordia.

Y la hermandad de la Caridad -que está inmersa en el majestuoso proyecto de su paso de orfebrería- dejó ver ayer una nueva fase del trabajo de los talleres sevillanos de los hermanos Delgado, la capilla central de la trasera.

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