¿Cuál es el precio de los recuerdos?

Delimitación de terrenos de los polvorines Situación de los pequeños propietarios afectados

Propietarios de los terrenos delimitados junto a los antiguos polvorines explican sus sensaciones al saber que abandonarán, en unos años, las casas que les vieron nacer. Melancolías del pasado y dudas del futuro

María Llebrez / San Fernando

03 de noviembre 2008 - 01:00

Una alambrada metálica delimita lo que es suyo de lo que no lo es. Por ahora. La misma hierba verde queda a un lado y al otro de una valla que les recuerda el problema que, literalmente, les quita el sueño. Manuel Lebrero se despierta, noche sí, y noche también, preguntándose qué va a pasar con la casa en la que lleva viviendo desde que nació. Son 63 años viendo el amanecer desde la misma ventana, disfrutando del mismo cielo estrellado cada noche, acompañado de los suyos.

Es su forma de vivir, no conoce otra, a los pies de la ciudad y a la sombra de unas torres que, desde esa perspectiva, pierden completamente el sentido. A ojos del visitante el paraje se torna extraño, ajeno, con una pequeña huerta, varios perros e incluso una jaula con pájaros, pero para quienes llevan aquí toda una vida, éste es su pequeño rincón del mundo. Pequeñas casitas construidas por las manos de sus antecesores -padres o abuelos- o por ellos mismos. Unas viviendas que quedan enmarcadas junto a los antiguos polvorines de Fadricas, sobre las que el Ayuntamiento inició, tras la aprobación en el pleno de septiembre, un proceso de delimitación, antesala de la expropiación.

Son en total 500.000 metros cuadrados los que el Gobierno local quiere recuperar. De ellos, un diez por ciento corresponden a pequeños propietarios, "aunque yo no me considero pequeña, ni mucho menos", comentaba María del Carmen Lebrero, vecina y familiar de Manuel. Ella, vive en el 99 y él, al lado, en el 102.

Su preocupación es evidente. Nadie, aseguran, les ha explicado con detalle qué va a suceder con sus casas. Manuel comenta, algo confuso, que semanas atrás hubo un encuentro con un representante de los propietarios al que ellos no conocen y que no les ha contado nada. "Lo único que tenemos es una carta en la que se nos informa de la expropiación (la misiva en cuestión se refiere al proceso de delimitación)", comenta. "Y vamos a preguntar, matiza Juan Pedro Outón -hijo de María del Carmen- y nos dicen que estemos tranquilos, pero, ¿por qué vamos a estarlo?".

Quieren, exigen, necesitan respuestas. Respuestas con cifras concretas, que les garanticen un futuro seguro. "Cobro 600 euros de pensión al mes, con eso no puedo comprar nada y ahora mismo me veo con un pie en la calle, porque todos conocemos lo que cuesta hoy una casa", insiste Manuel. Un precio digno, que les ayude a pasar el difícil trago de tener que dejar atrás tantos recuerdos como tienen. Todos.

Porque es justo ahí, en la pequeña parcela de dignidad de cada uno, donde se sienten atacados. "Han empezado la casa por el tejado, primero nos dicen que nos tenemos que ir, y somos nosotros quienes tenemos que averiguar por qué y por cuánto, no hay derecho a eso", matiza Manuel. Ellos, aseguran, no se oponen al progreso de la zona, es más, incluso comparten el desarrollo que se prevé en los terrenos.

Mención aparte les merece la clasificación que tendrá el suelo. Y todo lo que han pagado por residir en él. Durante años, muchos, abonaron la contribución del mismo como urbano, y ahora, si finalmente se les expropia -antes el Ayuntamiento quiere seguir agotando la vía de la negociación-, será clasificado como rural, un cambio que no comprenden, por muy legal que sea. "Si esto es así, pues que nos devuelvan lo que hemos abonado, no puedo creerme que antes tuviera un valor y ahora tenga otro", comenta.

Y vuelta a lo mismo, a las dudas, a la falta de concreción. Preguntas y más preguntas sobre una mesa repleta de papeles, documentos, planos incomprensibles. Complicado encontrar respuestas. Mientras, afuera, cae el sol sobre un huerto que, por tristeza, Manuel está dejando morir.

stats