Dos isleñas que han dejado huella

Acto institucional de homenaje al mayor

El compromiso social de María Teresa de Benito Togores y la trayectoria ejemplar de María Vargas Balboa serán reconocidas hoy por el Ayuntamiento

A la izquierda, María Vargas Balboa, fotografiada en el centro de mayores Virgen del Carmen. A la derecha, María Teresa de Benito, en el salón de su casa. / Román Ríos
Arturo Rivera

San fernando, 13 de diciembre 2017 - 02:06

El Ayuntamiento reconocerá hoy la trayectoria vital de dos isleñas, María Teresa de Benito Togores y María Vargas Balboa. Ambas recibirán la Distinción del Mayor en el transcurso del homenaje a las personas mayores que cada año por estas fechas brinda el Consistorio y que se celebrará en el salón de celebraciones Yeyo a partir de las 13.15 horas. De la primera de estas mujeres destaca el Consejo Local del Mayor su entrega y su compromiso social. De la segunda, su vida ejemplar de trabajo y esfuerzo. Ambas homenajeadas son muy distintas, aunque sus dos perfiles, sus dos vidas, sirven para dibujar a la perfección esa Isla que se remonta a mediados del siglo pasado y que llega hasta hoy. Y ambas tiene otra cosa en común: auténtica devoción por la familia.

María Teresa de Benito Togores recibirá hoy la Distinción del Mayor por una sencilla razón: lleva toda su vida ayudando a los demás. Desde la asociación Luisas de Marillac, desde el albergue de San Vicente de Paúl, echando una mano a la labor de las Hijas de la Caridad, desde la Cruz Roja... Incluso desde su propia casa, donde el timbre de la puerta -dicen sus hijas- siempre estaba sonando porque la gente iba a buscarla para pedirle ayuda... Así ha sido toda su vida, en la que no ha podido estarse quieta ni un momento. Esa incansable labor caritativa que ha desarrollado durante décadas ha permitido a La Isla conocer a una Tere de Benito de muchísimo carácter, con una energía arrolladora, una mujer fiel a sus principios y convicciones políticas de derechas -en esta faceta también ha sido bastante activa- ante la que, sin embargo, unos y otros se han tenido que quitar el sombrero a la hora de reconocer su dedicación y su trabajo constante en favor de los más necesitados. El reconocimiento que hoy le brindará el Ayuntamiento socialista da buena cuenta de ello.

De niña quería ser monja e irme a las misiones, pero mis padres no querían" Nací en la huerta de Vargas. Tenía con mi marido una tienda en la calle Comedias"

Tere tiene 83 años, 11 hijos -aunque uno de ellos falleció este mismo año- y la asombrosa cifra de 38 nietos y 28 bisnietos, una familia inmensa -asegura que se acuerda de todos- que ha sido su gran recompensa en una vida que compartió durante 65 años con su esposo, Luis Quijano, que falleció también recientemente. El año 2017 está siendo especialmente duro para ella. Por eso este homenaje -un gesto de cariño- le emociona y anima.

A Tere le gusta contar que iba para monja. Cuando estudiaba en la Compañía de María no pensaba en otra cosa que en irse a las misiones. Tal era su empeño que sus padres tuvieron que sacarla de allí . "Ellos no querían, les daba mucha pena", apunta. Aunque algo de aquella temprana vocación quedó. Es evidente en su compromiso.

María Vargas Balboa, la otra mujer que hoy recibirá la Distinción del Mayor, cumplió el pasado 6 de diciembre 91 años. Desde 2016 vive en la residencia de mayores Virgen del Carmen. Nació en 1926 la antigua Huerta de Vargas, que era de sus padres. Allí, cerca de La Escalerilla, la actual calle Pizarro, se crío con sus cuatro hermanos. A su cargo, recuerda, tenía los animales que criaba la familia, a los que tenía que dar de comer e ir a comprar pienso a la otra punta de La Isla, muy cerca -apunta- del lugar en el que hoy está la residencia en la que vive. "Era una niña y venía andando hasta aquí al lado para comprar", recuerda.

María, que tiene cinco hijos y otros tantos nietos, guarda muchos y muy buenos recuerdos de esa vida en familia, de la antigua huerta. Conoció a su marido -Cayetano Fernández, que llegó a ser presidente del CD San Fernando- en la misma calle en la que vivía y terminó trabajando en la tienda de ultramarinos de la calle Comedias que tenían sus suegros, que eran montañeses, y que, posteriormente, pasó a manos del matrimonio. Allí pasó décadas de dura faena, tirando de la familia, de la tienda "y guisando", que es algo que siempre le ha encantado y para lo que -afirma con orgullo- ha tenido muy buena mano, al igual que su madre. Siempre -dice- sintió que su familia era muy querida y apreciada en el barrio.

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