Expiración mete a San Fernando de lleno en la Cuaresma y deja su sello en el vía crucis
El crucificado se traslada desde la castrense hasta la Iglesia Mayor para presidir este acto penitencial compartido con todas las hermandades
30 años de vía crucis en San Fernando
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La primera estación de ese vía crucis que viene a ser la Cuaresma se rezó ya el pasado miércoles con la imposición de la ceniza y su llamada a la conversión a la espera de los grandes días de la Pascua: conviértete y cree en el Evangelio, ya saben. Pero eso se quedó dentro de los templos y, en todo caso, dentro de los corazones de cada uno. Nada que ver con lo de este lunes, ese vía crucis compartido por las 27 en comunión con el Consejo que, además de tener esa fuerza indiscutible de un acto piadoso colectivo y multitudinario, vino también a poner los primeros cirios en carrera y a plantar la cruz en medio de la calle para todo aquel que esté dispuesto a seguirla y, sobre todo, vino a hacer tangible la espera más hermosa en todos los sentidos. Sí, no hay ningún otro acto que iguale al Vía Crucis de las Hermandades a la hora de anunciar a lo grande que ha comenzado una nueva Cuaresma y que en solo cinco semanas estaremos ante otra de esas Semanas Santas que, año tras año, marcan nuestro paso por este mundo.
30 años hacía de la última vez que el Santísimo Cristo de la Expiración –el Silencio– presidió el llamado Vía Crucis de las Hermandades, acto que además en 2025 se quedó también dentro de San Francisco con la Caridad al no poder efectuarse el traslado a causa de la lluvia. Era casi como si se quisiera retomar aquello en el mismo punto en el que se quedó. Y también como si se hiciera un guiño al último gran acto cofrade acontecido en La Isla, allá a finales de octubre: la coronación canónica de la Virgen de la Esperanza. De la mano de la misma hermandad del Jueves Santo daba La Isla ese salto en el calendario para transitar de aquellos días de gloria mariana al mayor de los recogimientos y a esa espiritualidad que marcan este nuevo tiempo y para el que –es justo reconocerlo– la siempre impactante y conmovedora imagen del Cristo de la Expiración se prestaba a la perfección.
El crucificado de Cirartegui, de hecho, presidió el ejercicio del vía crucis en la misma parihuela que la cofradía estrenara con la dolorosa en el rosario de antorchas previo a la coronación.Y eso tenía un significado muy especial más allá de la estampa inédita –y tremendamente bella– que brindó esta señera talla en su camino a la Iglesia Mayor con la luz de los candelabros dorados de la hermandad del Resucitado que se añadieron a las andas y que sentaban tremendamente bien al conjunto. Lo acostumbrado, como saben, es que este Cristo sea portado en este tipo de actos penitenciales a hombros de sus hermanos y devotos y no en posición vertical. Así se hace cada Viernes de Dolores en uno de los vía crucis más señalados de la Cuaresma isleña. Pero ocasiones extraordinarias –y la de ayer lo era– bien merecen este tipo de gestos excepcionales, como bien supo entender la junta de gobierno.
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La hermandad inició su camino desde la castrense hacia la Iglesia Mayor todavía con esa luz que las tardes van ganando día tras día a medida que se va acercando el Domingo de Ramos. A las seis y cuarto salió el cortejo de San Francisco para dirigirse a la Alameda –paso obligado– y, desde allí, buscar la de San Pedro y San Pablo por el camino que pasa por la plaza de San José con la imagen del Silencio portada en parihuela por los Jóvenes Cargadores Cofrades (JCC) y acompañada por el ensemble Jubilate Deo, que también participó luego en el rezo del vía crucis. Precisamente, el recorrido que inicialmente se había planteado –sobre todo para la vuelta– tuvo que ser modificado el día antes por aquello de tener que ajustarse al paso del tranvía, como informó el propio Consejo.
La llegada de la imagen a la Iglesia Mayor estuvo revestida de una gran solemnidad, además de deparar una escena totalmente inédita mientras se maniobraba para situar al crucificado en el presbiterio del templo. Siempre resulta uno de los grandes momentos del Vía Crucis de las Hermandades.
Dento del templo, además, el rezo de las 14 estaciones que recuerdan los momentos clave de la Pasión como ejercicio piadoso revistió también sus meditaciones del carisma franciscano para enlazar los orígenes de la hermandad con el Año Jubilar que conmemora el 800 aniversario del santo de Asís. El arcipreste, Francisco Jesús Núñez Pérez, compartió este momento con las hermandades isleñas este momento clave en el que una nueva Semana Santa empezaba a hacerse tangible en la Iglesia Mayor mientras uno miraba absorto a crucicado de la Expiración, porque no se podía hacer otra cosa.
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