Fiestas mantiene el número de casetas en una nueva Feria sometida a debate
Un total de 36 solicitudes -una más que el año pasado- se contabilizaba ayer en el Ayuntamiento al cerrase el plazo previsto
Hay, sin embargo, ocho casetas que no repetirán
El debate en torno a la Feria del Carmen y de la Sal no ha esperado al mes de julio. Los achaques que arrastra la fiesta desde hace años han reaparecido en escena tras conocerse hace unos días un par de notorias ausencias en el recinto de La Magdalena a pesar de los esfuerzos del gobierno municipal por contener la sangría de casetas que se ha registrado en los últimos años. Hasta una campaña se ha puesto en marcha a través de las redes sociales para fomentar la instalación de casetas bajo el nombre ¡Ven a la Feria de La Isla!
Tampoco se han hecho esperar las críticas políticas -abanderadas por el PP- que achacan en exclusiva la crisis de la Feria isleña a la gestión del gobierno actual, liderado por el PSOE, y a las tasas que se cobran por la instalación de casetas. Hasta el cese de la concejala de Fiestas ha pedido esta misma semana la número dos de los populares isleños, Carmen Roa. Y eso teniendo en cuenta que la Feria del año pasado acabó entre críticas y con una propuesta sobre la mesa para cambiarla de fecha y trasladar su celebración al mes de septiembre.
A estas alturas nadie duda de que la fiesta isleña está en crisis, aunque desde hace bastantes años. Claro que la disminución del número de casetas que se instalan en el recinto de La Magdalena -el indicador que mejor ilustra esta situación- fue especialmente alarmante en 2017. La Feria no es la de antes. Ni se consume como antes ni se disfruta la fiesta durante las mismas horas que antes. El margen de beneficios para las casetas se reduce en realidad a unas pocas horas de la noche mientras los costes han ido creciendo año tras año. Los años de la crisis y el rol secundario al que la Feria ha quedado relegada como evento de ocio estival en el marco de la Bahía han pasado factura.
Y no solo se trata de las tasas a pagar al Ayuntamiento. Las mayores exigencias en materia de seguridad y sanidad en las casetas -por otra parte, lógicas y necesarias- han obligado a abordar montajes más elaborados y, por ende, costosos para el bolsillo de los caseteros, obligados a invertir más, pero obteniendo menos.
La ecuación resulta difícil de mantener. El descenso del número de hermandades en la Feria -santo y seña de las casetas más tradicionales y familiares de la fiesta- es el ejemplo más llamativo. Entre las ausencias de 2018 se incluye además la caseta de Pastora (El Borreguito), uno de los mayores referentes de la fiesta durante las últimas décadas, reiteradas veces premiada por su cuidada decoración.
Fiestas cerró ayer el plazo para la presentación de solicitudes para instalar casetas en la Feria de 2018. Y por el momento parece que la sangría se ha conseguido contener, al menos en lo que a los datos totales se refiere (otro análisis sería qué casetas se pierden y qué casetas nuevas se instalan). El Ayuntamiento, atendiendo a ese número de solicitudes que de entrada se ha registrado, espera que se monten este año hasta 36 casetas en La Magdalena (35 y la caseta municipal), lo que supone una más que el año pasado. Habrá que ver si durante las semanas que restan para la Feria se mantiene el número de solicitudes -el año pasado, por ejemplo, no ocurrió así- o, incluso, se ve incrementado (al no haberse llegado al cupo máximo).
Sin embargo, hay con respecto al año pasado ocho ausencias entre las que se incluyen las ya conocidas de El Borreguito y Ecce Homo y otras como la de la peña Con sabor a Cañaílla. Todas se suplen con la llegada de otras nuevas casetas: cuatro de corte familiar y cuatro de copas. En total, según Fiestas, se contabilizan 27 casetas familiares y ocho de copas, a la que hay que sumar la municipal.
En 2016 la Feria contó con 45 casetas, la cifra más elevada de los últimos años. En 2015 fueron 41; y 43, en 2013.
También te puede interesar