San Fernando

Comisaría pasada, Comisaría futura

  • El centenar de policías nacionales que integra la plantilla prestó ayer servicio por primera vez en las nuevas dependencias de la avenida Constitución en una jornada marcada por el traslado de todo el material

"Perdone, ¿para poner una denuncia?". "No, aquí ya no damos servicio, atendemos en las nuevas dependencias de la avenida Constitución". Conversaciones como ésta, ayer, se reprodujeron por decenas en las dependencias de la calle Doctor Cellier. Ayer, la Comisaría de la Policía Nacional que desde 1974 prestó servicio en la localidad presentaba un aspecto desvencijado y casi vacío. Un constante ajetreo de agentes salía y entraba portando cajas, ordenadores, impresoras, archivadores, los cuales eran recogidos en diferentes vehículos -entre ellos dos todoterrenos y coches camuflados pertenecientes al Cuerpo de Policía, así como una furgoneta particular, entre otros- y trasladados a lo que será su nuevo hogar: las dependencias de Camposoto, las cuales vivían su primer día de funcionamiento con el ajetreo propio de un traslado de estas características.

Funcionarios de paisano, agentes de uniforme, limpiadoras y técnicos entraban y salían -igual que en el inmueble anterior- por la puerta de servicio portando los mismos enseres que previamente habían recogido en la otra Comisaría, la del pasado, para entrar en ésta, la del futuro. Por fuera, un edificio reluciente que desde primera hora estuvo atendiendo las denuncias del área de Atención Ciudadana. Ayer por fin se dio de alta la línea telefónica en este inmueble, explicaba el comisario, José Antonio Postigo, y se dio de baja en el otro, de tal manera que el cambio de ubicación se hacía oficial.

Completada la instalación eléctrica y la de abastecimiento, así como la instauración del equipamiento básico -mesas grises y sillas azules, armarios archivadores, papeleras y cajoneras, entre otros- ayer fue el turno del traslado del material de uso diario de los agentes. De esta manera, apuntaban, cada departamento de la Comisaría se ha encargado de lo suyo, de tal modo que todos colaboraban en este desplazamiento conjunto. También fue el turno de enchufar estos ordenadores, conectarlos en red y empezar a clasificar los papeles.

En la puerta, además, un furgón de la empresa de Telefonía evidenciaba que, efectivamente, la línea funcionaba. El traslado se completaba ayer, aunque aún quedarán algunos detalles por desplazar. Y algunos ya lo fueron días atrás. De esta manera por ejemplo, una de las máquinas de gran calibre de la Policía Científica se había instalado ya unos días atrás una vez hubo corriente eléctrica.

Así, mientras que en un lado todo olía a nuevo, en el otro, las sensaciones eran de despedida, tal como manifestaba uno de los veteranos de estas dependencias, el segundo de a bordo, el inspector Juan Carrasco, quien vigilaba el movimiento en Doctor Cellier. Ya no había ni un sólo teléfono, ni un sólo agente atendiendo llamadas ni demandas. Nadie en la planta baja, nadie en calabozos y nadie en la primera, salvo algunos policías de paisano, empaquetando armas confiscadas. Tampoco había un alma en la sala de rueda de reconocimiento cuyos números, hechos a manos en la pared, ya no identificarán a nadie. Se cierra una larga etapa y se abre otra, en Constitución, a la espera de la inauguración oficial por parte del Ministerio del Interior.

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