Francisco Cuesta | Miembro de la Federación nacional de CCOO en la Mesa de Navantia

“Lo que Navantia ha puesto encima de la mesa es prometedor”

  • El sindicalista asegura que “un acuerdo se firma cuando no gusta a ambas partes, porque si no es imposición”.

  • El objetivo es seguir en Navantia el modelo aplicado en Airbus

–Por fin acabó la negociación...

–El proceso ha sido complicadísimo, no sé qué nos podía haber pasado más: cambio de gobierno, de presidente, las corbetas. Los compañeros de San Fernando dieron un paso adelante y menos mal, porque independientemente de que ellos se hubieran visto afectados, el plan hubiera quedado en entredicho. Este plan saldrá como tenga que salir, pero creo que está bien pensado. Vamos a aprovechar un periodo en el que hay carga de trabajo, porque las modificaciones en periodos sin carga de trabajo son un problema.

–Desde Sepi y Navantia insisten en que se ha hecho un gran esfuerzo, hasta el punto de que se habla de plan estratégico y no de reconversión.

–Lo comparto. Una reconversión tiene un significado peyorativo y nosotros partimos de una base: todo pasaba porque todos los centros siguieran abiertos. A partir de ahí no hablamos de ver cómo salvamos los muebles, sino de cómo hacemos las cosas para que el día de mañana no haya dificultades.

–Tras el acuerdo de Madrid, la Bahía va a tener trabajo...

–Hay que entender una cosa y ser muy prudente. Navantia tiene una serie de contratos más o menos fijos, como las corbetas, los submarinos o las fragatas, y después tiene una serie de opciones, cada una con más o menos posibilidades, unas muy ciertas y otras un esbozo de lo que puede ser un buen contrato. Nosotros no queríamos engañar a la gente, porque se podía plantear que van a entrar no sé cuantos barcos y eso es crear un gigante con pies de barro. Navantia, Sepi y nosotros hemos preferido reflejar lo que está asegurado al 99,9%. Porque después de lo que ocurrió con el contrato para Australia no se pueden generar expectativas que no sean ciertas.

–Desde Puerto Real se insistió en que era el único astillero sin esa carga de trabajo clara.

–Hemos insistido mucho en que tenía que haber carga para todos. Por eso hicimos hincapié en la situación del astillero de Puerto Real, que era el más desprotegido y porque sin carga de trabajo era muy complicado iniciar un proceso de transformación. Ahora Puerto Real tiene perspectivas de futuro, quizás no con el modelo anterior porque soy de los que piensa que si siempre haces lo mismo tendrás los mismos resultados, y entendemos que en Navantia había que hacer un cambio. Está por ver cómo será la gestión actual, pero lo que ponen encima de la mesa es prometedor. Navantia tiene una estructura, incluso sindical, más propia del siglo XX que del siglo XXI. De ahí uno de los pilares básicos que plantea la dirección del Astillero 4.0. Por eso ahora se podrá avanzar aunque sea con menos gente. El día de mañana, y está en el acuerdo, cuando las pérdidas se enjuaguen y esto empiece a rodar, mi esperanza es que Navantia en unos años tenga más plantilla de la que tenía hace un año, porque la carga de trabajo es la que te trae plantilla, no al revés.

–Y la industria auxiliar, ¿qué papel va a jugar en todo esto?

–La industria auxiliar, en varios aspectos, ha estado siempre muy presente en el proceso negociador. Que alguno haya hecho en Cádiz alguna reivindicación, era más producto de tener un minuto de gloria que otra cosa. Es básica tal y como está configurada la empresa. Pero la industria auxiliar también va a tener que cambiar, porque si Navantia cambia toda la gente que trabaja con ella tiene que hacerlo. El problema de industria auxiliar no es sólo de la Bahía de Cádiz, también en Ferrol.

–Pero allí hay más unidad en todos los sentidos

–Pero por el modelo de industria auxiliar allí. En Ferrol hay muchos trabajadores indefinidos dentro de la industria auxiliar, aquí se pueden contar. Ahora se quiere seguir el modelo Airbus. Si ahora se quiere ser proveedor principal de Navantia, eso tiene que cambiar.

–¿Y la formación?

–Se necesita que haya escuelas de formación profesional para que los chavales de la Bahía de Cádiz sepan que van a tener en los astilleros un puesto de trabajo

–Las había hasta final de los 80

–Claro, hasta que las cerraron. Aquí están Airbus y Navantia, pero hay profesiones que a no mucho tardar van a ser comunes. No va a haber una formación para los astilleros y otra para la aeronáutica, después llegará la especialización, pero habrá oficios comunes como la impresión 3D, los drones, el big data, serán troncos comunes. La Administración tiene que crear una escuela en la que se aprenda eso porque habrá una gran demanda. Es que en este proceso hay profesiones que hoy ni siquiera existen, que habrá que ir a buscarlas.

–¿Qué más se va a trasladar desde el modelo Airbus?

–Las relaciones laborales en Navantia van a empezar a funcionar por comisiones de trabajo, que es el modelo aeronáutico. La comisión de subcontratación va a tener una importancia capital,y los comités de empresa se van a responsabilidad de muchas cuestiones; eso pondrá cierto orden.

–Hable de la tasa de reposición.

–Sale mucha gente y entra mucha gente, y la gestión de todo eso puede ser caótica. Si de buenas a primeras sacas a 2.200 personas y metes a otras tantas, a lo mejor implosiona la empresa. Por eso se está diciendo que ya no son varios centros, es uno sólo con carga de trabajo para todos. La foto que hay ahora no es la de un fracaso, porque se han mantenido abiertos los centros, pero es una foto muy distorsionada, con una desnutrición de algunos astilleros. De lo que se trata es de revertir la situación.

"Espero, porque está en el acuerdo, que en unos años Navantia tenga más plantilla que el año pasado”

–¿Y la construcción civil?

–En la mesa se ha hablado de a qué se va a dedicar cada astillero. Navantia ahora es eminentemente militar, pero eso no quiere decir que no se abran otras vías de negocio. Creo que lo mejor es especializarse en productos que son vendibles y tienen mercado y después abrir el abanico. Le hemos dicho a Navantia que no descarte absolutamente nada que sea rentable.

–Esa intención de seguir el modelo Airbus, ¿no llega tarde?

–Más vale tarde que nunca. El Consorcio Europeo siempre ha sobrevolado, lleva mucho tiempo, pero aún no lo tocamos con los dedos. Hay una diferencia con Airbus. Si esto llega a producirse es preferible llegar con una Navantia potente, porque en este tipo de consorcios, el que más puede en la gestión es el que más pone encima de la mesa. Se habla de que será un consorcio eminentemente militar y ahí entra la política y la geoestrategia. Si llegamos con una empresa potente, seremos como lo que en Airbus son hoy Francia o Alemania.

–¿Quién ha cedido más, la empresa o la parte social?

–Cuando empecé en esto me dijo un antiguo y querido compañero: un acuerdo se firma cuando a ambas partes no le gusta, si no es una imposición y está condenado al fracaso. Todo ha ido muy deprisa y en este proceso de velocidad no todo se explica ni se entiende como se debe, pero todos teníamos claro a dónde queríamos llegar.

–¿Qué mensaje traslada a los trabajadores de Navantia que puedan salir, a los que se queden y a los que puedan entrar?

–Pues he estado pensando en esto. Hay ciudades de Europa que cuando hablas de ellas se te viene algo a la mente de inmediato. Cuando hablas de Munich, te sale la industria del coche; hablas de Toulouse, la industria aeronáutica. A mí me gustaría que el día de mañana, cuando se hable de Cádiz, aparte de otras muchísimas y buenas cosas, se hable de los astilleros y cuando un gaditano vaya por Europa y diga que es de Cádiz, le respondan: “¡Ah, allí es donde se hacen buenos barcos!”.

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