Barbate saborea su prórroga
Las garantías de la Junta de que este año se podrá pescar hacen suspirar de alivio a los trabajadores de las almadrabas, pero siguen viendo el futuro con escepticismo
Suenan los Fitipaldis en una radio que emite voces metálicas en el varadero seco del río Barbate. Dos pintores de la almadraba calafatean tarareando aquello de "en este mar cada vez hay más barcos hundidos". Transpiran alivio. No hace ni doce horas que la Junta ha dicho a las almadrabas que empiecen a calar redes, que contraten marineros. No han dicho cuántas toneladas de atún podrán capturar.
Manolo es uno de los dos trabajadores: "Vamos retrasadísimos. Hay mucha tarea que hacer. Esta vez sí que creíamos que se acababa. Hasta la pasada temporada pensábamos que todo se iría reduciendo, pero que las almadrabas nunca desaparecerían. Este año, no. Este año hemos visto las orejas al lobo".
Sobre el futuro de Barbate se barajan opciones. Según el propietario del bar El Ancla, uno de los pocos que trabaja el atún de almadraba todo el año, "si nos lo llegan a quitar, con la que tenemos encima, contando con que antes había quince conserveras y ahora hay tres, contando con que antes había 52 barcos y ahora hay ocho... nos quitan la almadraba y echamos la llave al pueblo y nos vamos". La otra posibilidad no es más alentadora y la ofrece Antonio, carpintero de la almadraba desde hace 32 años: "Esto da el empleo que da, pero nos lo quitan y entonces echamos un capazo al pueblo y lo quemamos".
Es Antonio el que enumera la vinculación del empleo de Barbate con el atún mientras da martillazos: "Porque hablan de doscientos y pico empleos, pero esto es más. Hay muchas empresas auxiliares que dependen de esto. La almadraba es mucho más que la pesca".
Existe una especie de optimismo escéptico en la nave del puerto donde se guardan las redes. Como si fuera una convención de balones de fútbol, las boyas de colores se apilan hasta el techo. Hay montañas de redes. Todavía no van a calarlas. Prudencia. "Vamos con un poco de retraso, sí, pero hay tiempo, en dos meses y pico se puede hacer. Todos esperan saber en qué se concreta esto", dice un empleado que corona la cordillera de artes de pesca.
En la cercana lonja no se entiende que "el acuerdo haya llegado in extremis", cuando la cuenta atrás había empezado hace tiempo. "Hasta hoy todo palabras bonitas; ahora a pelearse con las pescas de los demás".
Hay apuestas. El guarda de una de las naves de la almadraba cree que será complicado quitarle cupo a los catalanes. "Buenos son ésos. Y si ya lo tienen...". Otro guarda, el del antiguo puerto del río donde duermen los barcos de la almadraba, masculla contra los gallegos. "Con lo listos que son los gallegos...". Antonio, el carpintero, tiene otra teoría: "A los portugueses no les importa tanto el atún. Si nosotros les damos pez espada, lo mismo ellos nos dan lo que tengan de atún". Cábalas, muchas cábalas, "aunque yo me creo las cosas cuando las veo", reflexiona Antonio.
Los artesanales del puerto que tejen las redes parecen indiferentes a la conmutación de la condena. El grupo que se ha reunido en torno a la maraña de redes felicita a quien tenga que felicitar, "a los ochenta que viven en Barbate de esto, pero eso no nos va a quitar la ruina que tenemos en lo alto". No proponen ninguna teoría sobre Barbate, ni cerrar y entregar la llave ni quemar nada "porque esto ya está muerto. La gente vive de sus padres, de sus suegros. Hay un paro tremendo y no hay dónde ir. La pesca es un desastre... y aquí no hay otra cosa". Caen unos pocos pescados de las redes ante la mirada de unos pulpos que se secan al sol.
Manolo da a la pintura. En primavera se subirá a uno de los barcos que pinta y se le ilumina la cara cuando describe la levantá: "En la almadraba cae el atún tonto. Entiéndeme. Los atunes viajan en forma de flecha y buscan aguas profundas, pero el que se despista y pilla costa entra en el laberinto. pero también te digo que hay atunes que saben leer y escribir y entran y salen de la trampa. ¿Por dónde? No sé. Los barcos de cerco no dan opción. Los siguen helicópteros y caen todos. Los cazan en el norte y ya no llegan aquí. No tienen escapatoria. Contra eso, ¿qué podemos hacer?"
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