Tribuna

JAVIER GONZÁLEZ- COTTA

Editor de 'Mercurio'

La revista 'Mercurio' sigue en órbita

Sólo los merluzos no reconocen hoy por hoy que la cultura es también una industria plural que fomenta que haya muchos, muchísimos brazos industriosos que crean empleo

En plena jornada de reflexión (es mucho decir por nuestra parte), se nos vienen encima la nostalgia, la ebriedad y otras tontadas. La ocasión se ha prestado para que volvamos a las viejas lluvias. No hay viaje sin su tornaviaje. El futuro siempre es el pasado. A menudo se tiene esta sensación cuando los años nos van dando caza.

Hace algo más de 20 años modesto servidor fundó la revista cultural Mercurio. Con más ingenuidad que otra cosa pretendimos fomentar el libro y la lectura. Tras unos años de etapa autónoma, primero en Sevilla y después de oriente a poniente por Andalucía, la revista fue creando su sembrado. Por entonces, la redacción se hallaba en un "alto palomar" del centro de Sevilla, como hace poco llamó a aquel nido un columnista en este periódico.

Años después vendría la colaboración y fusión posterior con la Fundación José Manuel Lara. Por motivos personales, dejé años después la gerencia de Mercurio. Vinieron nuevas mentes, acaso más preclaras, para desarrollar la revista en España gracias a las generosas alcancías del Grupo Planeta. No reconocer esta labor sería torpe, inelegante y mezquino.

Hace poco la Fundación Lara comunicó el cierre de la revista en abril, pero el azar y mi acuerdo personal con José Manuel Lara García, presidente de la Fundación, han permitido que Mercurio no perezca y que la revista continúe en la órbita de los planetas y bajo la égida también de los dioses más tornadizos. Con ello se permite una continuidad en el tiempo para la histórica cabecera cultural. Pero, a la vez, se da pie a un giro independiente, a una saludable discontinuidad en forma y estilo.

Quiere decirse que el nuevo Mercurio seguirá siendo una revista cultural y gratuita. La mirada literaria estará presente como savia, pero germinará sobre otras miradas amigas: arte, arquitectura, cine, música, tecnología creativa, etcétera. La nueva edición impresa, de carácter bimestral, saldrá con la otoñada: noviembre. Ni que decir tiene que se estimulará su cara líquida: la versión digital.

Nuestro público siempre será el más fiel: la inmensa minoría. Pero ya sabemos que menos es más. A escala humana, pues somos arquitectura de espíritu y conocimiento, nos vale la cita de Mies van der Rohe. Por otra parte, conviene decir con educado tono de voz que no somos tan pocos. Sólo los merluzos no reconocen hoy por hoy que la cultura, libre de toda infame tendenciosidad política, es también una industria plural que fomenta, obviamente, que haya muchos, muchísimos brazos industriosos que crean empleo.

Uno jamás ha protestado porque se proteja con caudales públicos la industria aeronáutica o, llegado el caso, el atractivo mundo de los cítricos. Pese a todo, hay quien sigue considerando la cultura una María. Si es así, pues aquí seguimos, cristianamente al pie de la cruz, como las Marías que lloraron la agonía del Redentor. No hablamos para nada de cultura subvencionada ni adocenada ni servil, que es lo que le gusta repetir al fanfarrón merluzo.

Nuevos aires tendrá la nueva revista Mercurio en su versión en papel. Habrá hueco para el pensamiento crítico contemporáneo. Pero a partir del fulgor literario nos adentraremos en otras regiones de la galaxia, siguiendo cierta ruta en diagonal, como se dice en la canción Vía Láctea de nuestro admirado Franco Battiato.

Hay quien confunde la gratuidad con el desvalor. El sello gratuito sólo obedece a una estrategia logística. En España estaremos presentes allá donde creamos que rebulle nuestra querida inmensa minoría, que es la misma del mundo mainstream cultural y la misma también que busca abrigo bajo el criminal ruido.

Abandonaremos solemnidades y rigideces, servidumbres y corritos para camarillas engreídas. La solemnidad es lo opuesto a la seriedad. Precisamente porque seremos serios, daremos cierto aire al despojo, a la ironía, al modo del periodismo jocoserio del que gustaba presumir a Pedro Antonio de Alarcón.

Y lo más esencial. Como nueva empresa creada a tal fin, nos financiaremos con recursos propios, sin grandes escudos protectores. Intentaremos hacer rentable la ilusión madura que nos alumbra al atardecer. Ni la nostalgia ni las lluvias antiguas dan rédito práctico alguno. Eso sí, la señera revista cultural andaluza continuará con la fábula, pero con los papeles cambiados. Es el padre el que vuelve al hijo pródigo y no al revés. Las cosas.

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