Tribuna

Rafael Rodríguez Prieto

Profesor de Filosofía del Derecho y Política en la Universidad Pablo de Olavide

Democracia sin espada

Decía Oscar Wilde que "no hay más que una cosa peor que la injusticia, que es la justicia sin su espada en la mano. Cuando el derecho no es la fuerza, es el mal"

Democracia sin espada Democracia sin espada

Democracia sin espada / rosell

Dicen ahora que el frío mató a la mayoría de los que perecieron en el Titanic. La agonía fue corta. Sin embargo, si introducimos a una rana en agua caliente y a fuego lento, la muerte llegará sin que el anfibio la perciba. A España se le está poniendo cara de rana.

La clase trabajadora española, ya sea asalariada o autónoma, vive en el sobresalto. La cesta de la compra y las facturas de los suministros básicos suben. Los salarios se estancan y tener trabajo no garantiza llegar a fin de mes. Para colmo, este Gobierno antisocial premia en los Presupuestos Generales a territorios con rentas altas en detrimento de provincias con gasto por habitante muy inferior. La reforma laboral ha sido una medida meramente cosmética. La sanidad pública se degrada y no solo en Madrid. Con este panorama, no me veo con fuerza para reprochar a mis conciudadanos su falta de atención a la carcoma institucional que se ha apoderado de los pilares de nuestro orden constitucional. Si esta situación no es suficiente para convocar una huelga general es que el imprescindible sindicalismo no aprendió nada de su fatal connivencia con Zapatero.

Hace tiempo que los funcionarios denuncian su sustitución por cargos de confianza en puestos claves del entramado administrativo. La voluntad de degradar las bases sobre las que se sostiene nuestro Estado es evidente. Lo expresó con claridad el ex ministro que tramitó los indultos, próximo magistrado del Tribunal Constitucional, al calificar el proceso en que nos encontramos como crisis constituyente. Para llevar adelante una operación como esa, es tan necesario colonizar lo instituido como eliminar la posibilidad de que el sujeto soberano del poder constituyente -el pueblo español- intervenga a través de los procesos de reforma constitucional establecidos en nuestra Carta Magna.

La supresión del delito de sedición -sin actualizar la rebelión- y la reforma de la malversación, así como el cambio de mayorías en el CGPJ, avanzan en este proceso, mientras la oposición estudia las encuestas de intención de voto. PP y PSOE no establecieron mecanismos que reforzaran la separación de poderes y nunca acordaron evitar la presión de los nacionalistas a los sucesivos Gobiernos centrales. La enmienda de Junts a la malversación resume la degradación tardoadolescente actual. Si has prometido en campaña que vas a malversar, no debe ser delito. La política del acné ha llegado y yo sin implantarme pelo.

Los separatistas han percibido que sus partidarios no están dispuestos a sacrificarse. Quieren la independencia sin esfuerzo y además subvencionada. El PSOE va camino del referéndum, mientras acomoda las instituciones del Estado, mediante el fraude de ley, al relato que estos han difundido por el mundo con el dinero de catalanes y vascos no nacionalistas y del resto de españoles. El PSOE es el partido que perpetró uno de los mayores ataques que se recuerdan al Estado social constitucional cuando reformó el artículo 135 y hoy va camino de liquidar el de derecho por la puerta de atrás. El Estado es cada vez más débil, afirman triunfalmente los separatistas, para los que contradecir a diario la propaganda de Moncloa es una praxis tan jactanciosa como humillante para el PSOE. Cuando se produzca el próximo golpe, las posibilidades de que se cometan errores graves, que posibiliten una intervención internacional, se incrementarán. La balcanización de la península ibérica no es precisamente una "ensoñación", sino una posibilidad real que nos empobrecería a todos.

Recientemente, el filólogo Emilio del Río invocó unas palabras de Cicerón en las que advertía que "los pueblos que ya no tienen solución (…), suelen tener estos epílogos letales: se rehabilita en todos sus derechos a los condenados, se libera a los presidiarios, se hace regresar a los exiliados, se invalidan las sentencias judiciales". Puede que la historia sea tan esencial para entender nuestro presente como despreciada por la mayoría de los políticos. Si en la Transición se hubiera analizado el comportamiento del nacionalismo con la II República, quizás se hubieran tomado otras decisiones más acertadas.

España cuenta de facto con una presidencia colegiada formada por el PSOE, PNV, Bildu y ERC. Se rige como una mera agregación de intereses de élites donde el bien común y el sentido de Estado han sido expulsados en beneficio del tribalismo y el parlamentarismo de regimiento, en la afortunada expresión del historiador Roberto Villa. Decía Oscar Wilde en el Crítico artista, que "no hay más que una cosa peor que la injusticia que es la justicia sin su espada en la mano. Cuando el derecho no es la fuerza, es el mal". El agua ya anega los motores de la democracia. El PSOE no debiera sobrevivir políticamente al sanchismo. La cuestión es saber si España lo hará.

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