Una avenida para todos los sanitarios

Los sanitarios se ganaron durante la pandemia un sincero reconocimiento alejado del sectarismo, pero Kichi trató de utilizarlos en su ataque a la Corona

El rotundo rechazo mostrado por los colegios profesionales sanitarios al conocer que el Ayuntamiento de Cádiz había decidido cambiar el nombre de la Avenida Juan Carlos I por el de Sanidad Pública, ignorando con este homenaje tan oportunista a los profesionales que trabajan en la privada, ha dejado patente que el revanchismo y las prisas no suelen traer nada bueno en política, y menos aún si se practica desde el sectarismo más miope. Tanto quiso correr el alcalde gaditano, José María González, para ser el primero en quitarle el nombre de la avenida al emérito, que ni tuvo la precaución de reconocer a los sanitarios como merecen, sin distinción. Lo mínimo que se ganaron estos profesionales durante la pandemia es un sincero tributo sin uso partidista y alejado de la polémica, pero Kichi optó por intentar utilizarlos en su ataque a la Corona incluso obviando, en el caso de Don Juan Carlos, su derecho a la presunción de inocencia. Para los propios sanitarios, llegado al caso, sería mucho más adecuado denominar a dicha vía Avenida de las Profesiones Sanitarias, o de los sanitarios, habida cuenta de que, como han recordado con su misiva al alcalde, junto a los profesionales del sistema público también lucharon contra el coronavirus, codo con codo, miles de sanitarios que desarrollan su labor asistencial en la privada dando cobertura a la población.

El gobierno de Cádiz tendría que admitir esta realidad, pero prefiere dividir antes que gobernar para todos, como también demuestra con el polémico cambio del nombre del Estadio Carranza, que se le ha ido de las manos al fracasar en su intento de que la afición se entusiasmara con la idea de bautizarlo de nuevo. Los cadistas no sólo no están de acuerdo con este cambio, sino que han dejado claro su voto por seguir llamándolo Estadio Carranza. Pero como al gobierno de Kichi no le gusta perder, y menos por goleada, han cambiado de criterio sobre la marcha para imponer, a la fuerza, una decisión que intentaron revestir de un imposible consenso. Así han logrado lo que parecía imposible, que ni los cadistas ni los sanitarios estén contentos.

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