Cataluña reemprende el camino a ninguna parte

Con la elección de la investigada Laura Borràs al frente de la Mesa, el independentismo deja claro que su desafío sigue vigente

Una nueva legislatura comenzó el viernes en Cataluña con la toma de posesión del cargo de los 135 diputados del Parlament. Hasta el 26 de marzo hay tiempo para pactar el Gobierno, pero el acuerdo de ERC, Junts y la CUP para designar a Laura Borràs como presidenta de la Mesa confirma lo que estaba cantado: que por mucho que el ganador de los comicios, el socialista Salvador Illa, insista en su intento de investidura como president, la suerte está echada y serán los independentistas los que dirijan el destino de los catalanes, a la vez que su tejido productivo sigue experimentando un deterioro cada vez más pronunciado. No sorprendió tanto la apuesta de los separatistas por una mujer como Borràs, la diputada de Junts investigada por presunta corrupción y que ya garantizó, este mismo viernes, que el pulso está servido contra las instituciones del Estado, como que los socialistas bailaran al son de los separatistas desde la primera sesión, prestándose a firmar un decálogo conjunto. Y no por el significativo hecho de aislar a Vox en el Parlament, sino porque, en su primer párrafo, se emplaza a los firmantes a combatir "los discursos de odio" y a "combatir las informaciones falsas", como si los separatistas fuesen a renunciar a su infinita propaganda y a su cinismo proverbial.

Aunque los independentistas reeditarán el acuerdo vigente, como ERC cuenta con más diputados, será Pere Aragonès el president de la Generalitat. Y de esta suerte, Pedro Sánchez tendrá que inventar un discurso muy sólido para reconquistar el terreno perdido en Cataluña, ya que la deriva independentista no puede ir a más.

Cuando termine este mandato, casi nadie se acordará de QuimTorra y la mayoría habrá dado por amortizada a la figura de un Carles Puigdemont cada vez más patético. Figuras como las de la ex consellera de ERC, que se entregó al Tribunal Supremo tras huir a Bélgica, Meritxell Serret, o la de la ex líder de la CUP Anna Gabriel, también fugada, serán un vago recuerdo. Pero lo cierto es que, si nada cambia, Cataluña caminará a ninguna parte.

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