¡Oh, Fabio!

Luis / Sánchez- Moliní

La voladura

DICE Javier Pérez Royo en una entrevista en La Vanguardia que hay que "volar" la Constitución. Así, como si nuestra Carta Magna fuese una cometa o el puente sobre el río Kwai. Después, para que a nadie le quepa la menor duda de que va en serio, recalca: "Hay que hacerla saltar por los aires". La razón que esgrime el profesor para semejante despliegue pirotécnico es que la "sociedad ya no se siente reconocida" en un texto "monárquico, bipartidista y antifederal". No hay duda de que el llamado constitucionalista de guardia de la progresía española sabe dar titulares. Le sobra coraje, valor y confianza en sus argumentos. También soberbia. Lo que los periodistas llaman una auténtica mina. Quizás, pensamos, lo que habría que volar es ese pedestal al que él se ha subido para ningunear la Constitución española al afirmar con condescendencia aristocrática que "ha dado juego" y señalar como sus logros más destacables la alternancia en el poder, el aborto y el matrimonio homosexual. Cuarenta años de esfuerzo colectivo, de diálogo, de superación de viejos odios y rencores, de libertad y prosperidad (también de corrupción y equivocaciones) quedan reducidos al compadreo neocanovista y a dos leyes.

Las declaraciones del brillante profesor (no hay en nuestras palabras ni un ápice de ironía) demuestran el punto de apasionamiento valleinclanesco al que ha llegado el debate político y jurídico español. En un momento de la referida interviú, el constitucionalista llega a afirmar que la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut es un "golpe de Estado judicial". Casi se escucha la voz de Max Estrella gritar en la noche madrileña. A la vista está que no sólo la llamada Brunete mediática tira con fuego de artillería.

A nosotros, lo que más nos preocupa de las declaraciones de Pérez Royo es hasta qué punto pueden influir en los salones donde sestea la socialdemocracia española. Aunque el profesor sevillano, que ha forjado una de las escuelas de constitucionalistas más importantes de España, no está incluido en ese grupo de sabios que el PSOE ha reclutado por diferentes departamentos universitarios para estudiar con discreción una posible reforma constitucional en clave federalista, todavía hay gentes en Ferraz y San Vicente que ponen las orejas tiesas cuando escuchan su voz. Defienda el profesor Pérez Royo todas las reformas constitucionales que quiera, pero deje las voladuras para otra ocasión. No está el polvorín hispano para tales excesos.

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