desde mi cierro

Pedro G. Tuero / Gontu66@hotmail.com

Cada vez menos

SÍ, mi lector, cada vez me aburro más y veo menos. Cuando semanalmente me asomo a este cierro, en plena calle Real, la de ahora y la de antes, me cansa el no ver nada y, sobre todo que, lo que percibo, me hastía y me deprime por lo reiterado y cansino de siempre. Opiniones repetidas, personajes anacrónicos, los mismos vicios y las mismas aparentes virtudes. Ya no pasan coches, ni el lechero en su "mobilete", ni la "carterilla", ni el camión de la basura. Por no pasar por delante de este mi cierro, no pasan ya ni peatones reales ni virtuales, ni todavía veo venir al tranvía, aún fantasma y confuso. Por eso hoy, cuando me pongo a escribir, contar lo que desde aquí veo, he decidido, porque cada vez oteo menos, opinar sobre lo que no percibo y hasta lo que intuyo y sé que dejaré de contemplar.

Y no es todo esto, mi vigilante y fiel lector, por culpa de algún defecto material de este viejo y querido cierro. Los cristales los cambié no hace mucho tiempo como recordará mi lector, repasé grietas y repinté lo necesario, con la ayuda de mi amigo Santos Malo, ferretero de pro, pudimos casi concluir la obra, aunque el presupuesto para una reforma completa no me dio. Por eso le digo que el estado material de este callejolero y casi remozado mirador no es el culpable. Sin embargo, el problema de ver cada vez menos desde aquí, radica en lo expresado al comienzo de este bienintencionado pasquín. En esta Isla que tanto nos ocupa y adoramos, faltan o han dejado de estar tantas cosas que no hace mucho aún se hallaban y lo que te rondaré morena, como lo decía aquel. Una Isla que aumenta en tristeza y cabreos, en desasosiego y desganas, que puede haber buena voluntad y mejores intenciones, aunque, repito, desde aquí no lo veo. Que hasta la política nos aburre por mucha imaginación que le pongamos, que rayamos la pesadez y nos falta originalidad en los que opinamos, que no hay chispa que nos altere, ni rayo que nos parta.

Y muchas otras cosas dejaremos de divisar si le hacemos caso a nuestro colega de opinión de los viernes, porque, por mor de la antes negada crisis, luego tardía y torpemente gestionada, aquí de fiestas "ná de ná", según mi paisano. Y qué nos quedará por ver y contemplar, digo .Y por aquello de que lo único seguro es la muerte, que nadie lo dijo, naturalmente: no volveré a ver más a mi entrañable suegro. Lo echaremos de menos todos los que lo tratamos y desde este balcón al aire, le suelto mi recuerdo con un beso engastado y tan merecido. Tan cañaílla y tan nuestro. Tan encantador y paciente. Y no lo veré más, pues. Y como aquel magnífico soneto de Lope, he contado las palabras y ya tengo hecho el artículo. Como un parto sin epidural, desde luego. Y cada vez menos de todo.

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