Su propio afán

Enrique Gª-Máiquez

Me toca

El columnista intenta ser original, pero hoy hablo de lo que todo el mundo e igual que todos

17 de septiembre 2023 - 00:45

En otros temas ni lo sé –porque no lo discutimos– ni le importa–porque es nuestra vida– a nadie, pero puedo decir que en lo tocante a hacer la compra mi mujer y yo tenemos una paridad que cumpliría los estándares de Irene Montero. En otras cosas, ella más o todo y yo en otras –menos– más o todo. La basura es mía. Y dos curiosidades más: la gasolina al coche de mi mujer se la echo yo y voy a sacar dinero a los cajeros con su tarjeta y para ella. Son tareas que a ella no le atraen. Y a mí –hombre blandengue que también le lleva las bolsas– me encanta esa delicadeza tácita.

Pero no me quiero ir del tema de la compra porque tampoco se me va de la cabeza. Es asombroso lo carísimo que sale el carro de la compra últimamente, incluso aunque uno no meta aceite de oliva extra virgen. Yo tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano y morderme la lengua para no quejarme a la cajera. Es verdad que también hay cajeros (¡paridad!) pero con ellos me corto menos y me quejo más. Con las cajeras, no, porque qué culpa tendrán ellas y, por otra parte, seguro que mucha gente les llora, y a veces oír los mismos lamentos una y otra vez puede ser cansino, aunque sean verdad.

De modo que llego a casa cargando con las bolsas y cargado de lamentaciones y las suelto a mi mujer. Como ella ha hecho la compra cuatro o cinco días antes, sumamos las quejas. Estamos llegando a la conclusión de que un efecto o buscado o colateral de la división matemática de tareas es que diluye bastante la impresión de lo carísimo que está todo. Si el mismo hiciese la compra siempre, se asustaría más, como me asusto yo con las gasolinas.

No quiero caer en la conspiranoia, o sea, que digo que las intenciones de la app de Irene Montero, llamada “Me toca”, serán otras que distraernos de la inflación, quizá no mejores. Pero el caso es que nos distrae. También lo hacen las retenciones de los impuestos, el IVA y los de la gasolina. Si no nos dedujesen nada poco a poco (“la muerte a pellizcos”, como se dice) y tuviésemos que pagar todos nuestros impuestos en junio a toca teja se iban a acabar muchas bromitas con Hacienda, realmente.

Y ahí quería yo llegar. Entre unas distracciones y otras, nuestras y del gobierno, no calculamos bien lo que se nos va en la compra, en los impuestos, en las tasas y en los peajes, más las multas. Más cultura económica y sumar bien los gastos, nos haría algo más revolucionarios o, mejor, más rebeldes.

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