El Palillero
José Joaquín León
Temporada de temporales
Aprovechando que no funcionan los trenes, dicen que está pasando un tren de borrascas. Las lluvias torrenciales y los vientos huracanados suelen coincidir en Cádiz con el concurso del Carnaval. ¿Por desatar la cólera divina con esos repertorios? ¿Por lo que desafinan esas figuritas de la copla? No, esa sería una interpretación propia de doña Cuaresma. En realidad, el concurso del Carnaval coincide con los temporales porque se celebra en enero, el mes más inhóspito del año. Tanto pedir que el Carnaval volviera a febrero (o, por mejor decir, a sus fechas litúrgicas) y resulta que el concurso comienza en cuanto recogen la basura del día de los Reyes Magos. De cabalgata a cabalgata, Cádiz se carnavaliza. Enerillo el sieso ha ido a lo suyo. Y Febrerillo el loco va a llegar con más lluvias.
Se suele decir que Cádiz es un paraíso terrenal. Cuando no sopla el viento, se supone. Otros dicen que Cádiz disfruta de un clima mediterráneo. Suspenso en geografía. La provincia de Cádiz está entre dos mares, pero de Tarifa a Bonanza, que es la mayor parte, queda en el Atlántico. Y por el Golfo de Cádiz entran las borrascas desde las Azores, de las que hablaba Mariano Medina, cuando la gente empezó a interesarse por el tiempo en la televisión, que es como más vistoso.
Los tiempos han cambiado una barbaridad. Los negacionistas del cambio climático dicen que no ha cambiado tanto. Pero los científicos se apoyan en las estadísticas. El tiempo tiene una cosa buena: se ve, por lo que es más difícil engañar a la gente. Y, si hace un calor tremebundo, lo sufres. Y, si diluvia, lo sufres. Y, en general, lo que vemos es que los veranos tienden a ser más calurosos. Y que en invierno unos años llueve más que otros. Hace poco que teníamos una sequía. No era eterna. Hasta en la Biblia se citan los años de vacas gordas y vacas flacas. Es decir, ciclos de lluvias y sequías.
Pues sí, ya no estamos en el ciclo de sequía. En Grazalema han caído más de 1.000 litros por metro cuadrado en enero. Y sigue. Los pantanos de la provincia están llenos y desembalsando. Ya nadie habla de construir desaladoras. Hay agua para tres o cuatro años. Es decir, para cuando llegue otro ciclo de sequía. Ahora viene un momento peligroso: el de las inundaciones con los desembalses en el Guadalete, que están padeciendo en las pedanías jerezanas.
A pesar de lo que está cayendo, y lo que se desembalsa, no se debería despilfarrar el agua. Pero sin olvidar la parte positiva. La gente se puede duchar y escamondar a gusto. Incluso se podrá regar el campo, si es que no está ya bastante regado.
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