La esquina

josé / aguilar

Los suizos dan ejemplo

LA democracia directa suiza tendrá sus inconvenientes, pero el domingo pasado sirvió para que ese país, quintaesencia del capitalismo financiero, se pusiera de alguna manera en vanguardia contra el signo más obsceno del sistema en tiempos de crisis: las prebendas de los ejecutivos y consejeros de las grandes empresas.

Verán. Un senador, ex empresario cuya compañía familiar estuvo al borde de la ruina por la quiebra de la aerolínea Swissair, de la que era contratista, pasó de la indignación a la acción política cuando supo que el presidente de Swissair recibió, tras liquidarla, una indemnización de diez millones de euros. El senador juntó 115.000 firmas de ciudadanos y presentó una iniciativa popular encaminada a frenar este tipo de abusos de la élite nacional.

La iniciativa fue sometida a referéndum el domingo y logró el respaldo del 67,9% de los votantes. Fue aprobada en todos los cantones sin excepción. Sólo ha habido en la larga historia contemporánea de consultas populares suizas dos referéndums con más síes que éste: el que se hizo en 1993 para declarar festivo el 1 de agosto y el que acordó setenta años antes que todos los tratados internacionales de Suiza fueran sometidos precisamente a referéndum.

Cuando entre en vigor la ley que el Gobierno tendrá que impulsar siguiendo el texto refrendado, serán los accionistas de cada empresa y no los propios directivos los que fijen cada año las remuneraciones de éstos. Quedarán prohibidos los paracaídas dorados, es decir, las remuneraciones millonarias que reciben los consejeros y ejecutivos al dejar la empresa y las primas por la compra o venta de la compañía. Todas las primas a percibir estarán reguladas por los estatutos de las sociedades anónimas afectadas, que son todas las que cotizan en Bolsa. Las penas por incumplimiento pueden ser de hasta tres años de cárcel.

La patronal y los partidos conservadores no han logrado convencer a los mayormente conservadores ciudadanos de Suiza de que la medida significará la huida de cientos de empresas y una pérdida de la competitividad del país. Ha pesado más la irritación, que crece en toda Europa, ante la evidencia de que las élites financieras y empresariales se hacen cada vez más ricas mientras la mayoría de la gente se empobrece.

No sólo ha producido democracia aburrida, chocolate y reloj de cuco. Suiza innova también en el combate contra la cara más obscena y desvergonzada del capitalismo.

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