Calle real

Enrique Montiel

Mi sobrina Ana

AL terminar la ceremonia de inauguración del nuevo Centro de Congresos del Cine Almirante, en la que, por cierto, los del PP isleño fueron reducidos a meros convidados de piedra, que puede que sean lo que son (más el coche oficial de Pedemonte), pues nadie los invitó a hablar en esta ceremonia de incienso a la Diputación, representada por Pérez Peralta, vi que entre el público se encontraba mi sobrina Ana, con sus padres. Mi sobrina Ana está acabando Arquitectura y es un moza muy esbelta e inteligente que ha heredado de su padre, arquitecto, cierta sorna irónica. Hacía que no la veía y fui a darle un beso. Como venía negro del desatino cometido en un nuevo equipamiento de la ciudad que ha costado tanto tiempo hacer, y tanto dinero, porque no cabía en la butaca, pregunté a mi cuñado (que es de mi porte, por cierto) si las filas de butaca obedecían a los estándares admisibles para estos casos. Mi sobrina Ana respondió a la pregunta sin vacilación alguna:

-Yo pongo estas medidas en un proyecto de la Carrera y me catean.

Su respuesta me dejó admirado de su inteligencia analítica. Es de "suspenso" este aspecto del Centro de Congresos que echa por tierra una obra realmente interesante en la que se han conjugado espacios y volúmenes con singular acierto. ¿Por qué somos tan torpes, por qué no coronamos las cosas con buen sentido, buen criterio? Es de depresión haber realizado este Centro que tanta falta hace a La Isla, y al "centro" urbano, para su enriquecimiento y proyección, y permitir que el espacio central, el auditorio mayor, presente unas hileras de butacas en donde no se cabe, prácticamente, y en el que, sin duda alguna, es de martirio sentar a una persona durante una hora, o diez minutos.

Así que visto lo visto, no paro de pensar en el proyecto de equipamiento de la calle Real, concretamente las terrazas de los bares y cafeterías. Que se haga, como debe ser, desde el diálogo y el acuerdo, no puede significar que no se aproveche la oportunidad (vía incentivos, ayudas, asesoramientos, financiación, lo que sea) para realizar una profunda transformación de la calle Real bajo perspectivas de modernidad, inteligencia y estéticas necesarias.

La profunda transformación que se está operando en una "calle" difícilmente encontrable en muchas ciudades, no puede convertirla en un zoco variopinto en donde la propia calle, que es de todos, se convierta en prolongación de estéticas interiores charras o, simplemente, inadecuadas. El responsable municipal de este asunto debería apoyarse en los puntales sensatos de la representación empresarial y alumbrar una normativa para todos que haga inviable hacer de nuevo el patio de butacas del Centro de Congresos del Mundo Mundial en la calle del Tren Tranvía.

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