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El síndrome de la ratafía

Lo que más teme ahora la Unión Europea es un estallido de conflictos territoriales como el catalán

El president Torra, que debe de ser el único político del mundo que arenga a las masas por la mañana para que asalten por la noche el Parlamento del que emana su autoridad, exige ahora un referéndum de autodeterminación reconocido internacionalmente. El nivel de alucinación mental de los independentistas es tan alambicado, tan retorcido, tan alarmante, que alguien debería nombrar una comisión de psiquiatras para que estudiaran detenidamente la patología que sufren ("el síndrome de la ratafía", me atrevo a denominarlo). Porque hay que estar muy mal de la cabeza, después del rechazo internacional de su fallida proclamación de independencia del año pasado, para exigir un referéndum reconocido internacionalmente. Es decir, un referéndum aprobado por la Unión Europea, la ONU y quien haga falta.

Hasta la persona menos informada sabe que lo que más teme ahora la Unión Europea es un estallido de reivindicaciones territoriales que se conviertan en conflictos tan enconados como el catalán. En España, después de Cataluña, seguirían Euskadi, Navarra, Galicia, Valencia… hasta llegar a su culminación natural, que es el Cantón Independiente de Cartagena. Y en Europa hay docenas de problemas territoriales que llevan mucho tiempo enquistados pero que podrían explotar en cualquier momento, sobre todo si caen en manos de demagogos dispuestos a manipularlos a su conveniencia (y hoy en día andamos sobrados de demagogos). Pensemos en el Tirol italiano (la región de Bolzano), en la que se habla alemán y cuya población se considera austriaca y que es reclamada por la extrema derecha austriaca, aunque Italia la considera suya y nada más que suya. Y pensemos en la minoría húngara que vive en la Transilvania de Rumania, que los húngaros consideran territorio propio aunque los rumanos no están dispuestos a cederlo. Y pensemos en los conflictos fronterizos de ese avispero que llamamos los Balcanes, y que enfrentan a croatas con serbios, a bosnios con croatas y con serbios, a albaneses con macedonios, a búlgaros con turcos, y en el fondo, a todos contra todos. Y luego pensemos en tipos como Trump, o Salvini, o Viktor Orban, o en la extrema derecha polaca, "gestionando" estos conflictos con la retórica tóxica del nacionalismo más inflamado. Para echarse a temblar. Pues en esas estamos.

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