La esquina

josé / aguilar

Todos sabían lo de Caja Madrid

VA ya por la decena el número de ex consejeros y ex directivos de la antigua Caja Madrid que han dimitido o han sido destituidos de sus cargos públicos y orgánicos tras estallar el escándalo de las tarjetas de crédito repartidas por la entidad financiera y cuidadosamente mantenidas al margen de Hacienda. Otros han devuelto el dinero indebidamente cobrado y casi todos han alegado ignorar que los gastos que abonaban con dichas tarjetas y el metálico que sacaban de los cajeros con ellas supusieran ninguna irregularidad. Sorprendente candidez la suya.

No obstante, hay algo -más bien, bastante- de hipocresía en los dirigentes de partidos, patronales y sindicatos que ahora se llaman andana tomando rigurosas medidas, o anunciándolas, contra aquellos que les representaban en Caja Madrid. Como si lo que habían trincado dichos representantes lo hubieran trincado por su cuenta y por decisión exclusiva suya.

Lo siento, pero eso no funcionaba así. Caja Madrid, y otras cajas, fueron asaltadas por una clase reinante (disfrazada de sociedad civil) que convirtió la pretendida democratización de las entidades en instrumento para repartirse el botín. Las cajas sirvieron de refugio bien retribuido para políticos y sindicalistas que estaban en el tramo final de su carrera o habían caído en desgracia tras alguna trifulca interna. También podían ser un premio por los servicios prestados. Este sistema de gratificaciones determinó igualmente durante mucho tiempo la selección de candidatos al Parlamento Europeo.

Salvo excepciones, los beneficiarios de tales designaciones compartían una característica: carecían de conocimientos financieros y prestigio en el sector, que debían ser los requisitos imprescindibles para acceder a los consejos y puestos de responsabilidad. Los partidos, por su parte, también sacaban lo suyo. No sólo garantizándose la fidelidad de los nombrados a dedo y su acceso a información útil, sino liberándose de abonar sus sueldos a los dirigentes incrustados en la caja correspondiente y consiguiendo gracias a ellos subvencionar sus fundaciones. Una forma más de financiarse irregularmente. ¿Cuántas comidas de partido fueron abonadas con la tarjeta oportunamente sacada por el militante colocado en Caja Madrid?

Todos disfrutaban de la bicoca y todos callaban sobre su existencia. Que no vengan ahora a culpar en exclusiva a los de las tarjetas. La pringue era general.

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