La quinta columna

jaime / rocha

La religión en la escuela

NO sé si será populismo clamar insistentemente por un Pacto de Estado por la Educación, pero aunque nuestros políticos del PSOE y PP no quieran oírlo, hay un clamor popular que lo demanda, no de ahora sino desde hace muchos años.

Alguno de los dos partidos mayoritarios, hasta ahora (en Francia, el Frente Nacional de Marine Le Pen se perfila como ganador de las próximas europeas de 2014, así que mucho ojo), han llevado en su programa propuestas para este Pacto, pero todo ha quedado en una nueva promesa incumplida, siempre, naturalmente, por la intransigencia de el de enfrente. Vamos camino de la séptima Ley de Educación de la democracia y los resultados no pueden ser peores. Estamos ya, sin discusión, a la cola de los países de la OCDE. Nuestra sociedad adulta, de los 15 a los 65, no sabe leer y comprender una página de El Quijote, ni un prospecto farmacéutico, ni el recibo de la luz, ni calcular un tanto por ciento, en porcentajes mayores que el resto de países, según el Informe PIAAC. Madrid hizo unas pruebas de evaluación de su profesorado cuyos resultados dan vergüenza ajena, pero eso no les impide enfundarse en sus camisetas verdes y salir a la calle para luchar contra la séptima Ley de Educación, con gritos y pancartas que son pura demagogia, ni retrasar semanas el inicio del curso.

La nueva Ley, amenazada de derogación por la oposición si llega al poder, aun antes de haberse puesto en práctica y conocer sus resultados, restablece pruebas de reválida, potencia la enseñanza de idiomas, exige niveles de conocimiento, administra becas y ayudas en función de los resultados y restablece la enseñanza de la religión en las escuelas de forma voluntaria (como en la época de Felipe González).

Los opositores traducen todo su enfado en un eslogan: "La Religión fuera de la Escuela", pretendiendo ignorar que, aunque evaluable es optativa, que todavía el 72% de los españoles nos declaramos católicos, que el 67% de los padres piden la enseñanza de Religión para sus hijos y que muchísimos de los líderes de la oposición, de ahora y de antes, y muchos manifestantes, llevan a sus hijos a colegios religiosos privados, faltaría más.

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