Carnestolendas

javier / mérida / Jefe De Área De Deportes De 'Diario De Sevilla'

No se puede pedir más

Casi barridas las cenizas de las últimas ascuas por la actuación de la comparsa de Javier Cuevas en el Falla, hay algunos aspectos aún que mueven a la reflexión. Dentro del aldeanismo que se ha instalado en esa entelequia llamada Andalucía, es tan lógico que el picha más acérrimo pueda sentirse provocado como que algún miarma carnavalero luzca altanero silbando de soslayo.

Juan Carlos realizó una tenue defensa de 'Los que barren pa casita' sin haberla oído, admitió. Pero una cosa es que a él le aplaudan uno o dos piropos a Cádiz en Sevilla de una comparsa escrita para ser cantada en el Falla y otra distinta, dedicarle un enripiado repertorio por completo a Sevilla en el templo gadita de la copla.

En Híspalis hay quien recuerda estos días, con razón, cómo la ciudad incluso vitoreó al coro de Julio Pardo en Triana en la Semana Santa de 2013, cuando nadie sabe muy bien qué pintaba esa agrupación cantándole a la Esperanza. Y también es verdad que Sevilla, por aquello del centralismo, está acostumbrada al desamor de parte de sus agregados por bandera, principalmente malagueños y en, casos más aislados, gaditanos, onubenses o cordobeses, cuando, en absoluto, hay correspondencia.

Pero no es menos cierto que en Cádiz, mayormente, se quiere a Sevilla y que el Carnaval, en su historia más reciente, no ha obrado sino como vínculo de hermanamiento. Por eso choca que una comparsa vaya al Falla a cantarle a un público y a un jurado sobre algo que no entienden. Una copla, sobre virgen tan universal como la Macarena, y si encima fuese buena, vale. Pero casi media hora de blablablá sevillano con música....

Además, llámese provocación o como se quiera, el segundo cuplé versa sobre la reacción del gallinero al primero, señal de que el autor, ya veterano en el Falla, sabía lo que se traía entre manos cuando los parió. Aún peor es que, al final de la actuación, un componente de la comparsa dijese reiteradamente "¡Cádiz, cuna de la libertad!", en respuesta a los abucheos y alguna mofa del teatro. Que se observase, no hubo tomatada y pudieron cantar su repertorio íntegro; con alguna tenue interrupción, eso sí.

Aunque el lugar de autos se halle a escasos metros del Oratorio de San Felipe Neri, tampoco es plan de remontarse a 1812 ni de resucitar algunas citas de El Conciso. Quizá bastaría con que más de uno entrase en Youtube y se deleitase con un excepcional vídeo de Durkana que lleva por título No se puede pedir más.

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