LÍNEA DE FONDO

Diego / Marchán / Dmarchan@grupojoly.com

El precio de la ilusión

Sólo el inicio de un proyecto con caras nuevas puede devolver el entusiasmo a la hastiada afición del Cádiz

Da mucha envidia lo que está pasando en el Málaga desde la llegada de Al Thani. Era un equipo moribundo, apenas sin patrimonio y con una afición cansada -no sé si les suena-, pero la llegada del jeque con sus millones y sus grandes fichajes ha volteado completamente la situación del club. La ciudad, claro, se ha vuelto loca con su equipo y en un solo día se vendieron casi 14.000 abonos para la próxima temporada. Ojo, que esto no es un tanto tienes tanto vales; nadie asegura a día de hoy que el Málaga vaya a estar peleando por la Champions el año que viene, pero el chute de ilusión que inyecta a los aficionados un proyecto de este calibre sí que no tiene precio.

Por eso se pone uno malo pensando que esto mismo podría haber pasado aquí, que este Al Thani es el mismo que quiso comprar el Cádiz y acabó abandonando la idea aburrido por las mil cláusulas impuestas por Antonio Muñoz. Antoñito pisha, ya te vale. No voy a reescribir el cuento de la lechera, no quiero ni imaginarme a Baptista o Van Nistelrooy vestidos de amarillo -eso es difícil verlo hasta en el Pro Evolution-, pero oportunidades como estas no pueden dejarse escapar. Ni tú, Antonio, ni el Cádiz podéis permitiros ese lujo. Si es verdad que quieres pasar página de una vez actúa en consecuencia, pon un precio razonable y vende de una vez.

Comprendo que, como empresario, Antonio Muñoz quiera buscar rentabilidad, pero si el Cádiz ya no vale lo que pudo llegar a valer es sólo culpa de su gestión. Compró una finca histórica pero apuntalada, sí, la rehabilitó, la pintó y la decoró con un gusto de Primera. Entonces pudo sacar una pasta por ella pero prefirió esperar, pensando que con dos arreglitos más quizás alguien le daría mucho más de lo que valía. Pero no la cuidó, las humedades volvieron a apoderarse de las paredes, el techo volvió a caerse y así es difícil encontrar a alguien dispuesto a pagar lo que él pide. Y lo peor es que la venta urge, antes de que todo se venga abajo y de la gran finca que fue en su día no queden ni los cimientos.

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