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fernando Lusson

El portavoz es el BOE

SON muchos los dirigentes populares que consideran que el mayor problema de su partido es que no saben comunicar los logros de su gestión y no entienden cómo los efectos beneficiosos de la recuperación económica no son elogiados de forma unánime por la ciudadanía, y señalan con el dedo acusador a los balbuceos de Carlos Floriano, a los exabruptos de Rafael Hernando, o a las desapariciones de María Dolores de Cospedal y parecen echar de menos las frases ensayadas ante el espejo de Esteban González Pons o de la vicepresidenta del Gobierno, que por lo menos daban para un titular redondo, cuando estaban en la oposición.

Pero el problema debe ser más profundo cuando disponiendo de canales públicos de comunicación a su servicio, no logran colocar el mensaje que pretenden, y la solución arbitrada es que nuevas caras amables del PP se prodiguen por las tertulias, para hacer ver a los ciudadanos lo equivocados que están si decantan su voto por esos partidos de nuevo cuño.

La cuestión es que el principal portavoz del Gobierno ha sido y es el Boletín Oficial del Estado, que las normas que aparecen publicadas en él son las que se aplican. Antes o después vendrán las explicaciones para dulcificar y justificar las decisiones adoptadas bien por imperativo exterior o por convencimiento ideológico, y cada vez son menos aquellos a los que se les puede dar gato por liebre y convencer de que los recortes han sido buenos cuando a continuación y por la presión de los procesos electorales en ciernes se da marcha atrás en algunas medidas.

Para que luego se diga que los resultados de las elecciones andaluzas no son extrapolables. Sin el batacazo andaluz y con las advertencias demoscópicas previas, a los dirigentes populares ni se les habría pasado por la cabeza la reversión de decisiones que en su día fueron calificadas como imprescindibles.

El Gobierno tendrá que esperar a ver si sus aciertos cuando rectifica se traducen en respaldo electoral, y sus portavoces y los del PP tendrán que emplearse a fondo para demostrar la sinceridad de su arrepentimiento, sin garantías de que aquellos que criticaron esas medidas y que las sufrieron no las consideren una estratagema, porque las rectificaciones son a medias, como en la atención sanitaria a los inmigrantes, y ahora, además se enfrentan a las críticas de los que las defendieron por considerar que iban en la línea de sus planteamientos ideológicos más conservadores. Entretanto, siempre le quedará el BOE para enmendarse la plana.

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