Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
EL 3 de diciembre de 1985, hace 25 años, fallecía casi inesperadamente un hombre extraordinario, que dejó huella en la parroquia de San Lorenzo y en Cádiz: el sacerdote isleño Manuel Ignacio Galtier Estudillo.
Fue un hombre sencillo y sincero, buscador de autenticidad en tiempos difíciles en la Iglesia, en las inmediaciones del postconcilio. Supo acercarse a voces silenciadas y luchó por hacerse presente en vidas oficialmente alejadas.
Amante de la vida carmelitana, supo acercar a Santa Teresa a la cotidianidad de muchas personas, fomentando la oración y la formación de los grupos parroquiales. Muchas personas, después de tantos años, siguen alimentándose de su vida y su palabra, que llenó de consuelo muchos corazones doloridos por incomprendidos.
Orador nato, comunicador excelente y hombre de una caridad infinita, la cual se manifestó en la ayuda a muchas personas, que aún recuerdan cómo las sacó de apuros de todo tipo.
Murió a los 60 años. Tras muchas luchas y búsquedas personales, podría decirse que murió en lo que llamamos olor de santidad; una santidad desde la cotidianidad. Fue purificándose de muchas cosas y descubriendo cada vez más la presencia del Señor. Y el Señor lo llamó cuando todos creíamos que aún tenía mucha tarea por hacer.
Hoy, 3 de diciembre, los que bebimos de su amistad y espiritualidad, y aún seguimos bebiendo, lo recordaremos en una eucaristía en su querida San Lorenzo, a las ocho de la tarde. Pediremos por él, y le pediremos a él que nuestra fe se consolide. Lo recordaremos con cariño y lo reviviremos en fraternidad.
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