🍨🍨 La Ibense de Sanlúcar no cierra

El lanzador de cuchillos

Lo del meteorito

'Don't look up' es un truño de dimensiones cósmicas. Un 'blockbuster' ridículamente pretencioso

Hace unos días me chupé la película que el departamento de marketing de Netflix se ha empeñado en que nadie se quede sin ver. No me andaré con rodeos: Don't look up es un truño de dimensiones cósmicas. Un blockbuster ridículamente pretencioso para ser deglutido por espectadores ridículos y pretenciosos como los que zascandileamos por las redes sociales. El que mejor le ha cogido el punto a la cosa ha sido Carlos Boyero, el crítico cinematográfico de El País. La vio una tarde y a la mañana siguiente ya la había olvidado. Él lo achaca a un alzhéimer incipiente, pero me malicio que se trata más bien de un ataque inesperado de sensatez.

Un amigo guionista, a quien tengo en bastante estima y de cuyo criterio suelo fiarme, dice, en cambio, que es una peli más que aceptable, quizá demasiado larga, pero que a Frank Capra -palabras mayores- no le habría disgustado. No entiende mi amigo la inquina de sus detractores, salvo que a la película le haya tocado, dice, el papel de arma arrojadiza en nuestras inacabables guerras culturales. No estoy de acuerdo: la cinta de Adam McKay es el Omega de la sátira socio-política: un ladrillo con ínfulas, hinchado artificialmente por la propaganda y el papanatismo. Y, además, leyendo críticas y comentarios sobre el "fenómeno cultural del año", como se ha llegado a calificar a esta peliculita navideña de catástrofes, he podido comprobar que los que han visto en el dichoso meteorito una oportunidad extraordinaria para abrirle la cabeza al antagonista ideológico son los defensores del film, no quienes lo ponen a caer de un burro. Entre los apologetas, unos ven en la presidenta interpretada por Meryl Streep a Donald Trump y otros a Pedro Sánchez; en los noticiarios que manipulan a su antojo la información sobre la inminente llegada del cometa, hay quien identifica a la Fox negacionista del cambio climático y quien reconoce la atmósfera de los telediarios pandémicos de Rosa María Mateo. Los aplaudiores de este tostón sin gracia son, en su mayoría, tipos que entienden que la película da una guantá en la cara a sus enemigos políticos o mediáticos. Cada uno desde su trinchera, claro.

"Llamarla truño de dimensiones cósmicas, ¿no es acaso una de esas exageraciones retóricas en las que se acusa de incurrir a la película?", me reprende amablemente mi amigo el guionista. Quizá me haya excedido por mi afición a jugar con las palabras. Nada de dimensiones cósmicas. Seamos rigurosos: lo del meteorito es un cagarro del tamaño de una catedral.

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