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Para los que los conocimos, echamos de menos los cines de verano, aunque la verdad es que sin ellos también se vive. El verano hoy día, cuenta con otros alicientes. Es tiempo de diversión y recreo, sobre todo para la chavalería, que la mayoría de las veces termina con un rasguño, o heridita. Tampoco se para el mundo en esta época. El planeta sigue girando locamente dejando heridas que dejan huella. No hace mucho, casi todo se arreglaba con un poco de mercromina. Todo tenía solución con este antiséptico para la desinfección de heridas superficiales. Las madres lo arreglaban todo diciendo: "Ponte un poco de mercromina".
Lo cierto es que, posiblemente de forma afortunada, los niños en la actualidad no se hacen ni siquiera rasguños. A no ser que se lo hagan practicando deporte federado, con licencias, seguros y todos los requisitos legales establecidos. Es lo que hay, lo que nos toca ahora. En el pasado, no demasiado lejano, lo raro era no volver a casa como mínimo con uno, dos o tres heridas 'de guerra' producidas en los múltiples juegos callejeros que se realizaban: el coger, el pincho, el piola mua (consistente en saltar por encima de otro) y otros más cafres cuyo resultado final era, la mayor de las veces, una achocaura que se arreglaba con unos cuantos puntos, mucha mercromina y a correr.
Hay otras heridas veraniegas que no se curan, como las producidas hace escasos días por la temeridad de un dirigente de Nuevas Generaciones del PP, Ángel Carromero, para más inri secretario técnico del Ayuntamiento de Madrid, detenido recientemente en Cuba, acusado de homicidio por la muerte de dos opositores al régimen de Las Islas, tras un accidente mientras ejercía de conductor. El joven conducía con carnet de conducir sin punto alguno, ya que los perdió todos por acumular hasta 45 multas de tráfico. Entre ellas, una de 520 euros por exceso de velocidad en Cuenca.
Ahora no se escatimarán gastos, a costa de los de siempre, para pagar la fianza que sea necesaria para liberar al que ya se puede uno imaginar cómo circulará por las carreteras españolas, cuando es capaz de conducir a lo Fernando Alonso en un país con un régimen poco amigo, de él y sus compañeros de viaje. Que dé gracias a Dios que no fue en Corea del Norte. Existen países europeos donde el código de circulación prevé sanciones mucho más altas por imprudencias, y más como en este caso, con resultados fatales.
Lo que si se podrá curar este verano con un poco de la mercromina, es la enésima caída de don Juan Carlos de Borbón. Que volvió a dar un batacazo el pasado jueves. Esta vez al tropezar con un escalón en la sede del Estado Mayor de la Defensa. Cada vez se parece más a Casillas atajando un balón. Tiene al suelo como aliado, y cuando no es una caída es un disgusto familiar. De todas maneras, los males de esta familia se curan con un poquito de la roja sustancia, aunque tengan sangre azul. Sus defensas están por encima del bien y del mal.
Pero sin perder la ruta de la mercromina, que tantos recuerdos les traerá a más de uno, la verdad es que es este país nuestro del absurdo, de los recortes arrojados como papelillos, de charanga y pandereta, Belenes Esteban y Jesulines de Ubrique, hay cosas que no tienen enmienda. Algunas cosas ni con la popular mercromina que todo lo curaba.
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