LÍNEA DE FONDO

Manuel Muñoz / Fossati / Mmfosati@grupojoly.com

El látigo de Merkel

Max era un entrenador de fútbol de métodos duros, Angela quiere seguir la rígida escuela de su tocayo

MAX Merkel fue un entrenador austríaco muy recordado entre los aficionados al fútbol que tenemos ya una cierta (algunos preferimos decir incierta) edad. En los primeros 70 entrenó al Sevilla y luego al Atlético de Madrid. No dejó de cosechar títulos sobre todo para el equipo de la capital de España, pero entre el resto de los futboleros era conocido por su apodo de 'Mister Látigo', según dicen por la dureza con que obligaba a entrenar a los jugadores. A lo mejor no era tanto. Puede que fuera simplemente que los futbolistas españoles de aquella época, en las postrimerías del franquismo, no estaban acostumbrados a trabajar con métodos tan severos. El caso es que la imagen de ese míster que nos viene a los que entonces éramos niños es la de un señor muy serio con fuerte acento alemán (no recuerdo si llegó a aprender español) y que obligaba a sus pupilos a correr arriba y abajo las gradas de los estadios donde se ejercitaban.

A él parece que le daban resultado estos métodos, puesto que con el Atlético logró la Copa del Generalísimo (sí, casi duele recordarlo, pero se llamaba así) en el año 1972, y la Liga una temporada después. No sabemos si la personalidad que ahora lleva el mismo apellido y utiliza la misma arma de castigo con sus subordinados, la canciller alemana, es familiar y descendiente de ese ''Míster Látigo'. No parece posible. Ya hemos dicho que Max era austríaco, y Angela es alemana, aunque procedente de aquella antigua República Democrática comunista que acumulaba éxitos deportivos olímpicos, sobre todo entre sus atletas femeninas. Lo que sí debe de ser cierto es que el apellido imprime carácter, y ahí nos tiene a media Europa subiendo y bajando gradas a base de chasquidos de su látigo. A fuerza de esos ¡chass! quiere conseguir que seamos tan flexibles y austeros como aquellas míticas gimnastas del Este. Pero se olvida de que esto no es una competición deportiva, y de que nosotros, trabajadores y contribuyentes, no tomamos hormonas.

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