Las dos orillas

José Joaquín León

Algo más que un incendio

19 de agosto 2012 - 07:27

TODOS los desmadres contemporáneos de la política española han quedado de manifiesto en el incendio sufrido en la isla canaria de La Gomera. Mientras el siniestro alcanzaba de lleno a Garajonay, los políticos discutían entre ellos, culpándose unos a otros. El presidente de Canarias, el nacionalista Paulino Rivero, y el presidente del Cabildo de La Gomera, el inefable socialista Casimiro Curbelo, echan las culpas a la desatención del Estado. Desde Madrid han recordado que las competencias están transferidas y que las autoridades canarias no hacen nada para la prevención del fuego, limitándose a quejarse y pedir hidroaviones cuando arden las islas. Siendo esto cierto, también lo es que necesitaban una ayuda especial. Se ha evacuado al 20% de la población de esa isla y ha ardido más del 10% de su superficie. En esas condiciones, lo esencial era darles una ayuda urgente.

Garajonay no es un sitio cualquiera. Es un parque nacional (como Doñana o Sierra Nevada), que tiene una flora inusual, en la que destaca el mejor bosque de laurisilva de Europa, donde abundaban en el Terciario y ahora resultan exóticos. Garajonay tiene un paisaje bellísimo y casi mágico, envuelto con frecuencia en las humedades de sus nieblas. Además tiene más de 1.000 especies de invertebrados y está considerado zona de especial protección para las aves. Es Patrimonio de la Humanidad y también Reserva de la Biosfera.

Garajonay es una joya de la naturaleza en una isla pequeña y remota como La Gomera, con apenas 23.000 habitantes y poco impactada por el turismo. Quienes la hayan visitado alguna vez sabrán que dispone de uno de esos paisajes que jamás dejan indiferentes, con la laurisilva en el 90% del espacio del parque nacional. Lo que ha sucedido allí no es sólo una catástrofe natural, sino una barbaridad, que diría otro presidente autonómico. Demuestra que aún hay bárbaros gobernando. Principalmente en las islas Canarias y La Gomera, donde Rivero y Curbelo, respectivamente, son dos personajes impresentables. Pero no era el momento de que en Madrid aprovechen el asunto para despotricar una vez más contra las autonomías. En caso de emergencia, lo primero es poner soluciones. Después llegará el momento de exigir las responsabilidades políticas.

En un país civilizado se necesitan medidas efectivas para la prevención del fuego en los parques nacionales, sobre todo si hay un maravilloso bosque de laurisilva que es Patrimonio de la Humanidad. Pero aquí eso parece secundario. Lo único que les interesa es arañar más votos. Ante eso sólo se puede rezar; o esperar que mejore el tiempo y los fuegos se apaguen por inercia, mientras se dilucida si las autonomías deben comprar más o menos hidroaviones.

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