Editorial

La incapacidad para el pacto de PP y PSOE

NO por esperado ha sido menos decepcionante. La reunión entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez fue un auténtico diálogo de sordos y a día de hoy no sabemos todavía si España va a poder contar con un Gobierno tras siete meses de provisionalidad o si se tendrán que volver a convocar elecciones generales, certificando así el auténtico callejón sin salida en el que ha entrado la política española.

En su día criticamos la sorprendente actitud de Mariano Rajoy al no garantizar su presencia en el debate de investidura pese al encargo del Rey de que intente formar Gobierno. Por lo visto ayer, el presidente en funciones, en contra de ese sentido común que afirma siempre defender y practicar, sigue sin aclararle a los españoles si cumplirá con su obligación política más elemental, aumentando el clima de irrealidad que parece haberse adueñado de nuestra política. Flaco favor le está haciendo Rajoy a la imagen del país con esa contumacia. Sólo está consiguiendo transmitir, tanto al interior como al exterior, un mensaje de incertidumbre que en nada nos puede beneficiar.

También hoy debemos mostrar nuestra sorpresa ante la cerrazón y la falta de cintura negociadora del secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez. Asegurar, como hizo ayer Sánchez, que "desde la izquierda decimos a las derechas que se pongan de acuerdo" roza casi el cinismo político. El líder socialista debería saber mejor que nadie que la concreta circunstancia que vive España hace inviable (además de indeseable) un pacto entre la derecha constitucionalista y los nacionalistas, especialmente los catalanes, inmersos en un delirante proceso soberanista cada vez más infectado y cuyas consecuencias son, hoy por hoy, difícilmente previsibles. Escudarse en la incompatibilidad de las izquierdas y las derechas es una auténtica falacia, pues hasta el más lego en las cuestiones políticas conoce los muchísimos puntos de coincidencia entre los dos partidos que durante décadas han sido los puntales de la democracia española. Aun así, PP y PSOE son incapaces de alcanzar el acuerdo por el que clama una buena parte de la sociedad.

Nadie le pide a PP y PSOE que renuncien a su ideología, sino sólo que aparquen temporalmente algunos aspectos para potenciar otros donde sí es posible el acuerdo. Si el argumento del patriotismo o del sentido de Estado no les convence, Rajoy y Sánchez podrían pensar al menos en la difícil situación en la que quedarían sus carreras políticas si no consiguen dotar ya a España de un Gobierno con el que afrontar el futuro inmediato.

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