LA dinámica que está llevando el Cádiz se está tornando peligrosa. Ante el Éibar el equipo intento por todos los medios llevar la iniciativa del juego y en muchas fases del encuentro lo consiguió. Los armeros son un equipo muy limitado técnicamente, pero que aprovechan al máximo las condiciones del terreno de juego, donde los de Calderón sacaron un variado repertorio en las jugadas de estrategia y sólo las intervenciones de Iván Cuéllar privaron al Cádiz de marcar. Tanta obsesión en estar concentrados en las jugadas a balón parado del rival, no es suficiente para encajar un gol perfectamente evitable.

Tras la derrota sólo queda la rabia y la resignación, pero también la satisfacción de haber realizado todo el esfuerzo posible por haber conseguido la victoria, aunque faltó desborde por la banda izquierda, al implicarse Gustavo López en tareas organizativas.

La triste realidad es que después de esta jornada la tabla deja al Cádiz un poco tocado. Las declaraciones públicas sobre la posibilidad de verse inmerso en la lucha por no descender en las jornadas finales del campeonato toman mayor vigencia.

La indumentaria que utilizaron en Ipurúa es el fiel reflejo del momento actual. Se está pasando del gris sombrío al negro, de un objetivo claro de ilusión, a un estado de decepción muy peligroso. Los que deben revertir esta situación son los profesionales, pero el máximo accionista, que también se juegan mucho, se apresuró a sacar pecho cuando el equipo estuvo cerca del ascenso y ahora acusa sin dar nombres a algún supuesto instigador, por amiguismo de alguien a quien Muñoz no renovó su contrato.

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