Línea de fondo

Manolo / Fossati

El fútbol siempre renace

PARA algunos como nosotros el fútbol de alto nivel acabó hace más de dos semanas, sin que nos importen lo más mínimo los grandes torneos que siguen a continuación, como no sea por la vana y sencilla esperanza del perdedor: que el máximo rival se estrelle lo más estruendosamente posible en la final de la Champions. Sí, es verdad, nos queda aún el Cádiz, que debería darnos ya la alegría del ascenso, al igual que el San Fernando. Pero en estos casos no hay discusión posible.

Siempre he pensado, no obstante, que la vida debería ser como el fútbol, es decir, que por mal que uno acabe siempre existe una próxima Liga, un próximo campeonato, en definitiva, una oportunidad cierta de redención. Y, con este mismo sentido positivista pienso que deberían tomarse los equipos grandes la competición. Vale que por su categoría deben de aspirar siempre a lo máximo, pero por dios, qué estrés estar siempre en el filo de la navaja, qué sensación tan exagerada en el Real Madrid, por ejemplo, de fracaso por no haber ganado nada en esta temporada. No creo que conseguir un título sea una obligación, ni siquiera para el equipo más rico del mundo, como tampoco entiendo que por parte de los demás se contraponga la ausencia de títulos al presupuesto tan holgado. Afortunadamente, si este deporte tiene tanto de masivo es porque no ha dejado de ser un juego, por la capacidad de sorpresa, por esa posibilidad, remota pero no imposible de que el club más modesto haga morder el polvo a los más potentados. Así que si el Madrid no ha conseguido nada este año, nadie debería ponerse nervioso,y mucho menos los altos responsables, esos para los que el fútbol es sólo apariencia de éxito, cuando no ha dejado de ser, hasta ahora, más que un rato de disfrute todas las semanas, unas risas, unos llantos (el que llore) y unos gritos. Y luego, la Liga que viene ya será otro cantar, esperemos.

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