El catamarán

Rafael Navas Renedo

Otras formas de usar las tijeras

LOS de 2011 no son unos presupuestos cualquiera para ninguna Administración Pública. Son los primeros presupuestos elaborados desde que nos pusieron a hacer, por narices, sí o sí, la tarea que teníamos que haber hecho mucho antes. Son los primeros en los que la tijera ha entrado de verdad de la buena. Y son los primeros en los que nuestros políticos van a tener que reconocer (ya lo han hecho) que sus números son inferiores a los de otros años. La situación es tan cruda que esta vez no les vale hacer tejemanejes para tratar de convencernos del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, para conseguir hacernos creer que siempre se acaba invirtiendo más que el año anterior. Ahora que los presupuestos son de manera indubitable austeros, que los recortes no tienen forma de disfrazarse y que la caja no da más de sí, llega la hora de la política de verdad, de tener que tomar decisiones y decir no. Y cuando la política pase, a falta de prestidigitación, habrá que echar mano de la imaginación, que es cosa bien diferente.

2011 es un año electoral, lo estamos viendo ya con los movimientos en algunos partidos a nivel local. Pero, aunque se trata de unas elecciones municipales, las de 2011 tendrán una clara lectura andaluza y nacional, sin duda. Con estos presupuestos de la tijera y de la crisis tendrán que lidiar los diferentes candidatos, acostumbrados a usar la tijera para cortar las cintas inaugurales de los más variopintos proyectos, afición irrenunciable de casi todo aspirante a un cargo público.

Tienen miedo muchos políticos a decir la verdad en estos casos. El ejemplo más claro ha sido el del propio presidente del Gobierno, que no reconoció la situación del país hasta que ésta se le cayó encima de la cabeza y encima le tuvieron que avisar desde el exterior. Por eso veo difícil que muchos aspirantes a alcaldes y concejales de sus pueblos sean capaces de decirles a sus conciudadanos electores que no. No. El monosílabo maldito en política populista. Pero deberían saber ya a estas alturas que a los ciudadanos, aunque no nos gusta que nos recorten las inversiones, lo que menos nos gusta es que nos mientan o nos tomen por tontos.

En 2011 toca a todos entender y asumir que hay menos presupuesto. En lo que confiamos aún no sé si muchos ciudadanos es en que eso sirva, aunque haya tenido que ser a la fuerza, para cambiar la forma de gestionar lo público, para aprender que las tijeras, además de para cortar cintas inaugurales, también se usan para recortar gastos cuando es preciso.

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