Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
Tenía que estar escribiendo este artículo cuando Paco Reyero me regaló someterme a su cuestionario para Canal Sur. Como soy incapaz de hacer dos cosas a la vez, aquí estoy haciendo una doble. Pregunta muy bien Reyero, así que la mitad del medio artículo estará estupenda.
1- ¿Cuenta hasta 10 incluso en las situaciones más tensas? –No, soy extremadamente de letras, pero tengo un oportunísimo tartamudeo, que hace las veces. 2- ¿Cuál es su gran miedo? –Soy un constante hipocondríaco, pero ya me he acostumbrado a vivir dentro de un Valdés Leal. Siendo sinceros, mi gran miedo es el síndrome del impostor, no estar a la altura de mis lectores y amigos, tan generosos. 3- ¿Cuál considera que es su rasgo más característico? –Diría que una muy flexible cabezonería. Me salgo con la mía, pero por otra puerta. [Como con esta columna.]
4- ¿Y el que más le desagrada de sí mismo? –Llegar tarde. 5- ¿Cuál es su mayor extravagancia? Vivir en el siglo XIII. 6- ¿Podría sugerir un hombre o una mujer para ilustrar la estampa de un billete de 500 euros? –Don Diego de Saavedra Fajardo. ¡Nos hace tanta falta! (el billete, y leer a don Diego). 7- ¿Nos dice, a su juicio, algunos ejemplos sublimes del talento humano? –Admiro a los anónimos inventores del sistema de criaderas y soleras del vino de jerez. Etc. 8- ¿En qué ocasiones recurre a la mentira? –No hacerlo nunca es una de mis batallas más encarnizadas. Creo que sólo perpetro mentiras piadosas, aunque tengo una especial piedad por la belleza.
9- ¿Podría mencionar algunas cosas que le generan alegría o le hacen estar de buen humor? –Una sola cosa: todo. 10- Entre sus recuerdos, díganos alguno que le vuelva a llevar a la emoción. –Las últimas palabras de mi madre, las primeras palabras de mi hija, los silencios de mi mujer…
11- ¿Cómo preferiría morir? Como don Rodrigo, el padre de Jorge Manrique, viejo, con todos sentidos humanos conservados, cercado de mi mujer y de mis hijos y hermanos y criados, dando el alma a quien me la dio… 12- ¿Qué cree que será de usted cuando muera? –Tras un periodo inquietante –que las oraciones de mi mujer, mis hijos y mis lectores acortará sustancialmente—, la dicha será completa y eterna. Dejaré, por fin, el columnismo político, y me dedicaré sólo a la poesía: «Delante de tus ángeles, tañeré para Ti», nada menos, a dúo con el rey David.
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