La aldaba

Mariló Montero Carlos Navarro Antolín

La farsa del “No a la guerra”

07 de marzo 2026 - 03:05

Hay una verdad incómoda que el progresismo se niega a aceptar: España siempre participa en las guerras, aunque no las provoque. Es la implacable ley de la geopolítica. Sin embargo, Pedro Sánchez prefiere el cinismo. En un alarde de hipocresía, ha desenterrado el caduco eslogan del “No a la guerra” para fingir superioridad moral ante la crisis de Irán. Pero la realidad es testaruda, y ese pacifismo de escaparate se hunde bajo las 6.000 toneladas de la fragata Cristóbal Colón, con 190 militares españoles a bordo, enviada a Chipre. Sánchez miente una vez más, pero el verdadero drama de este país es que ha convertido su movimiento en una fábrica de mentirosos. Quienes le siguen y le votan son como él: tragan dócilmente la manipulación porque la mentira les resulta más cómoda que la verdad. Se creen a pies juntillas el mito de que las pancartas pacifistas llevaron a Zapatero al poder en 2004, cuando todos sabemos que no fue así. Antes del 11-M, su liderazgo languidecía. Fue aquella terrible tragedia, y no el eslogan, lo que le dio el gobierno. El resto, los que no nos dejamos engañar, vemos la trampa. Mientras el presidente gesticula presumiendo de un falso veto a Donald Trump en Morón y Rota, las bases operan a pleno rendimiento de aviones de guerra y destructores. Los militares confirman el engaño: aviones norteamericanos, como los C17, despegan de Rota, hacen escala técnica en Sicilia y apagan el radar a la altura de Egipto para operar en Oriente Próximo en la sombra. Somos la gasolinera encubierta del Pentágono. A esto se une la fragata Blas de Lezo escoltando al portaviones George H. W. Bush y nuestra batería en Turquía. ¿Es esto el no a la guerra? Las mentiras tienen las patas muy cortas. Jugar a la ruleta rusa con la defensa nacional para contentar a una base electoral ciega tiene consecuencias demoledoras. Mientras el Ejecutivo juega al pacifismo de salón para sus acólitos, el enfado de Washington nos expone a un desequilibrio letal. Marruecos, nuestra verdadera amenaza directa, aprovecha este circo para armarse con tecnología estadounidense. Al final, entre sumisión encubierta y radares apagados, queda claro que nunca a Sánchez le faltaron menos milímetros para que el abismo de su propia mentira termine por triturar el futuro y la seguridad de todos.

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