Su propio afán
Shabby chic
Desde aquí os lo digo, chavales: si en lugar de dedicarle tanto tiempo al Carnaval y a las cofradías se lo dedicaseis a estudiar o a leer, os iría mejor en la vida. Hace años la gente sacaba una procesión y ya. Le dedicaban al tema un día al año, tenía un pase, aunque me parece lo mismo ese culto pagano a unas imágenes a las que se les concede propiedades mágicas, todo vinculado al Hombre del Espacio, ese al que señalan los futbolistas cuando marcan un gol. Ahora para sacar una procesión el esfuerzo dura un año entero, entre los ensayos, las reuniones de la cofradía, los dineros para engalanar pasos y la procesión en sí misma, un esfuerzo que si se emplease en algo más productivo, mejor nos iría a todos. Ningún país desarrollado del mundo emplea su tiempo en estas cosas. Lo mismo podríamos decir del Carnaval: antes los componentes de agrupaciones ensayaban un mes, salían durante el Carnaval y hasta el siguiente año. Ahora, entre los ensayos, el concurso y los contratos, todas las semanas, el año entero, dedicados al Carnaval. Ya lo avisó en su día Fernando Quiñones, al que nadie puede criticar por derrotista o antigaditano, cuando dijo que mejor le iría a Cádiz si el esfuerzo del Carnaval se dedicase a asuntos productivos. Así que todos los que ensayáis para las procesiones, los cargadores, los acólitos, los integrantes de las bandas de música: mejor haríais en estudiar, caso contrario terminaréis de camareros, el triste destino de los gaditanos. Los jóvenes que no pierden el tiempo en estas cosas terminan fuera de la ciudad, porque aquí solo hay tiempo y esfuerzo para Las Tres Cés del Cádiz Profundo. Todavía los cadistas le dedican a su afición dos horas a la semana en domingo, pero aquellos que están en la fosa de las Marianas de las tradiciones gaditanas tienen un futuro negro como el tizón, y con ellos la ciudad. Carnaval durante los 15 días de siempre, cofradías durante una semana, el Cádiz dos horas los domingos, y el resto a leer, a estudiar, a esforzarse por un futuro mejor. Cada vez que me tropiezo con unas criaturas que ensayan para salir en la Semana Santa o veo algún chaval con la guitarra al hombro pienso siempre en lo mismo, que vivimos en una ciudad cuyo retraso está motivado por el apego a las tradiciones. Hubo un tiempo, hará de esto 150 o 200 años, que Cádiz era faro de la cultura y la modernidad, capital de España, epicentro de las innovaciones en todo el Reino, imitada en todo el mundo. Ese tiempo no volverá, encima hay una gran cantidad de gente que está entusiasmada con estas costumbres.
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