Opinión

Fernando / Díaz

El espíritu de los grandes días

TRAS unos años en los que el lobo siempre mantuvo escondidas las orejas, el Cádiz regresa a la cruda realidad, la de estar entre la espada y la pared. Otra vez Chapín, el Xerez, como incómodo obstáculo en el camino. De nuevo es necesario un giro de timón para salir airosos del infierno.

Jerez será el sábado el juez de lo que aguarda al Cádiz en un futuro cercano. Pero no es la primera vez que esto sucede. Desde los pantanosos años en Segunda B, Chapín se ha cruzado en el camino en el momento que, a priori, menos apetecía. Pero siempre resurgió el espíritu del Cádiz de las grandes gestas cuando la situación ahogaba. El hedor del temor terminó desapareciendo, como en las promociones con el Málaga y el Figueras, en la explosión de Kiko ante el Zaragoza, en la salida del pozo en el Juan Guedes, o, retrocediendo aún más en el tiempo, en el 1-2 con ascenso en Elche.

Ese espíritu ha contado con una especial relevancia en Chapín. A la memoria me vienen los desgarradores gritos de Juan Antonio Sánchez para que Zafra y compañía despertaran de un letargo en forma de ridículo con un Cádiz coqueteando con los puestos que llevaban a Tercera. También el ascenso a Primera en tierra prohibida para una fiesta amarilla. Y, más reciente, el inesperado 1-4 de hace un año.

Calderón se suma a la escasa corriente favorable haciendo memoria con un talante valiente y optimista. Suerte.

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