En tránsito

eduardo / jordá

¿S entir lástima?

EN casi todos los programas televisivos del corazón se trata el caso de Isabel Pantoja -que está a punto de entrar en la cárcel como consecuencia de su implicación en el caso Malaya- como si fuera víctima de una desgracia inexorable que se ha abatido sobre ella por una terrible jugarreta del destino. Algo así como la muerte trágica de un familiar que la está obligando a vivir unas circunstancias de dolor y de angustia inimaginables. Y lo mismo puede decirse de otros muchos "personajillos famosos" -me niego a llamarlos de otra manera- que han tenido problemas con la Justicia y que por ello han acabado en la cárcel. En todos esos programas se habla de todos ellos como si fueran víctimas de una situación particularmente injusta que sólo debería inspirar lástima.

Y lo asombroso es que nunca se habla de los delitos que esos personajes han cometido o del dinero que han hecho desaparecer, un dinero público que después de sus fechorías el Estado ha dejado de ingresar y que por tanto ha obligado a recortar muchos programas de asistencia social. Porque esto es algo que nunca se dice: que si hay comedores escolares sin suficientes recursos, o si hay padres que no pueden cuidar a sus hijos discapacitados con todas las ayudas públicas que les concedía la Ley de Dependencia, eso se debe a que unos cuantos señores y unas cuantas señoras han metido la mano donde no debían y se han llevado tan contentos a su casa -y en bolsas de basura, por más señas- un dinero que era de todos aunque ellos se creyeran que sólo era suyo. Y entre esos culpables están esos famosillos que tan buen trato reciben por parte de los programas del corazón. Unos programas, por cierto, que han contribuido al embrutecimiento moral de este país y que han permitido, con su obscena glorificación del lujo y de la estupidez y de la desvergüenza, que esta sociedad haya llegado a los extremos de degradación moral y social a los que ha llegado.

Y esto es lo que más llama la atención, que nadie se acuerde de los delitos reales de estos personajes. Porque estamos hablando de delincuentes convictos y confesos que han protagonizado casos escandalosos de corrupción que incluso han sido condenados con sentencias muy benévolas, y que además se han aprovechado de una legislación en extremo garantista que permite innumerables recursos y aplazamientos y triquiñuelas. Se mire como se mire, estos personajes no merecen compasión, sino desprecio. Y si van a la cárcel, ellos mismos se lo han buscado. Faltaría más.

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